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Más Opiniones

Por Narrador - 29 de Septiembre, 2005, 7:03, Categoría: ¿Se Negocia con ETA?

Les ofrecemos algunas opiniones en su integridad sobre la cuestión que nos ocupa. Unas más acertadas que otras pero en todo caso siempre significativas. Por ejemplo Carlos Herrera contesta a las declaraciones de Patxi López, en las que el socialista pedía a todos los medios de comunicación que remaran en la misma dirección ante la posible pacificación de ETA. Sigue coleando las palabras de Patxi ‘Nadie’. Por ejemplo Aleix Vidal-Quadras establece una relación directa entre el proceso de pacificación en el País Vasco y el Estatuto catalán. Asegura que si las fuerzas políticas catalanas pactan en Barcelona y una mayoría en las Cortes se traga en Madrid la desaparición de la Administración periférica del Estado en Cataluña; la confederalización de la política exterior, la política europea, los órganos constitucionales y la financiación autonómica; la fragmentación de la Justicia; el blindaje de las competencias exclusivas que pasan a ser excluyentes y la autoproclamación de Cataluña como nación, quedará pavimentado el camino para el Plan Ibarretxe II.

EL MUNDO

Viernes, 16 de septiembre de 2005

ESTADO DE EXTORSIÓN

Isabel San Sebastian

Ya ni siquiera se molestan en guardar las formas. No se toman el trabajo de disimular su chantaje disfrazándolo de patriotismo barato. Los socios republicanos del Gobierno están tan crecidos en el papel de árbitros políticos que les ha otorgado el tándem Zetapé-Maragall; tan seguros de la fortaleza que les proporciona su interlocución con ETA, que hablan ya sin eufemismos del precio a cobrar por su apoyo a los Presupuestos y de lo que sube el importe de esa factura astronómica cada día que pasa sin que el PSC y CiU renuncien a su «intransigencia». Saben que pueden hacerlo porque el presidente pagará. Porque en realidad ya ha empezado a pagar. Porque toda esta comedia del nuevo Estatut y el «proceso de paz» en el País Vasco forma parte de un guión asumido de antemano por un Rodríguez Zapatero empeñado en aferrarse al poder y pasar a la posteridad, que juega a aprendiz de brujo nada menos que con la Constitución, con España y con la Historia.

Podría optar por la cordura y buscar un gran pacto de Estado. Podría aceptar la mano tendida de Rajoy y acordar con el PP las grandes líneas de una política diseñada para atender solidariamente a las necesidades de todos los ciudadanos, derrotar definitivamente al terrorismo etarra, garantizar una educación de calidad igual para todos y situar a nuestro país en el teatro de las naciones en una posición respetable. Podría poner fin a esta locura centrífuga que lleva a Marcelino Iglesias a pedir que se blinde el Ebro en el Estatuto de Aragón. Podría pero se encuentra más cómodo en la claudicación revestida de talante, en la cesión ante el chantaje nacionalista y en la reivindicación de una Alianza de Civilizaciones que nos sitúa codo a codo con Turquía.

Ya ha empezado a pagar y lo hace espléndidamente. Se ha declarado partidario de que Cataluña se autodenomine nación, lo que llevará a sus nacionales a exigir pronto o tarde un Estado. Ha tirado por la borda el consenso alcanzado en torno a la Constitución del 78. Ha solemnizado en el Congreso la liquidación del Pacto Antiterrorista con una oferta de diálogo a los asesinos. Consiente que los representantes de una banda armada se sienten en el Parlamento de Vitoria, al negarse a instar la ilegalización del PCTV en aplicación estricta de la Ley de Partidos. Ha retirado prácticamente a la Fiscalía de la lucha contra el terrorismo, en un intento desesperado de conseguir que los etarras nos perdonen la vida.¿Qué más le queda por entregar? Los presos, que ya se están negociando, y el reconocimiento formal del derecho a la autodeterminación. La victoria del separatismo será entonces completa. Es sólo cuestión de tiempo.

ABC

Viernes, 16 de septiembre de 2005

LO SIENTO, LÓPEZ

Carlos Herrera

No soy muy buen remero, lo reconozco. Creo llevar bien el ritmo y todo eso, pero siempre acabo descolocando el remo delantero o trasero a cuentas de ir más lento o más rápido que los demás. No suelen llamarme, la verdad, para las competiciones del Guadalquivir y los del Club Labradores miran hacia otra parte cuando pido pista. Por eso me siento incapaz de hacer feliz a Pachi López cuando pide que rememos todos los medios de comunicación en la misma dirección, la adecuada. Además, me asaltan, de repente, varias incógnitas: ¿en qué dirección?, ¿cuál es la dirección adecuada?, ¿quién la marca?

Si remar en la misma dirección quiere decir mirar hacia otra parte y no querer percatarse de que Díez Usabiaga, el matón de LAB, ha pasado de ser el representante de ETA en la tierra a «un hombre de la izquierda abertzale que tiene mucho que decir en un escenario de normalización», yo no remo. Si remar quiere decir que la gestión de las cárceles vascas la lleve directamente el poca vergüenza de Azcárraga y que, con los presos acercados, acaben éstos tomando pinchos en la Parte Vieja de San Sebastián, yo no remo. Si remar quiere decir elaborar un plan para que los reclusos etarras puedan obtener beneficios totales de cara a su reinserción en un Estado claudicante, yo no remo. Si remar quiere decir conceder a ETA un papel político protagonista y brindarle la iniciativa gracias a que los dos grandes partidos, PP y PSOE, no van juntos en este asunto, yo no remo. Si remar quiere decir liquidar el Pacto por las Libertades, artífice de todo lo bueno que ha ocurrido en los tres últimos años, yo no remo. Si remar quiere decir guardar silencio y abandonar cualquier tipo de crítica frente a los caminos tortuosos del gobierno de turno, yo no remo. Si remar quiere decir cambiar la denominación habitual de los escenarios que nos han sido comunes por otra que ampare una cierta dulcificación de las cosas cara a preparar a la sociedad para un futuro y vergonzante acuerdo, yo no remo. Si remar quiere decir considerar que los jueces -como afirmó el estupefaciente portavoz de «Jueces para la Demagogia»- deben adaptar sus condenas a la sensibilidad política coyuntural que ha desatado un gobierno ambicioso, yo no remo. Si remar quiere decir perdonarle a Usabiaga y a Otegui todos los desplantes a la decencia y todas las jactancias y chulerías sobre muertos y torturados, yo no remo. Si remar quiere decir tragar con que ETA no haya declarado previamente ningún abandono de las armas -aunque insistan en que «no ha matado durante dos años»- y, en cambio, sea aceptada en una discreta mesa de negociación, yo no remo. Si remar quiere decir que las petardas éstas de las Tierras Vascas se paseen por el Parlamento Vasco con la llave de la gobernación y con la pretensión indecente de presidir la Comisión de Derechos Humanos que ya presidió el asesino Ternera con la aquiescencia del PNV, yo no remo. Si remar es dejar de considerar a las víctimas como sujeto activo de este proceso espeso e incierto sobre el que cada día se van acumulando más y más sospechas, yo no remo. Si remar quiere decir hacernos a la idea de que, a la larga o la corta, asesinos como Chouzas «Gaddafi» se saldrán con la suya y obtendrán el beneficio supremo de la libertad como «pago doloroso pero inevitable» al cese de las acciones terroristas, yo no remo.

Lo siento, López, le agradezco el ofrecimiento, pero yo no remo. Otros, los que mantuvieron siempre posiciones tibias o «pontoneras», estarán encantados en hacerlo. La grandeza de este oficio, ya ve, consiste en que podamos, desde nuestros observatorios, denunciar a los malos patrones de traineras. No pretenda que renuncie a ello.

LA RAZON

Viernes, 16 de septiembre de 2005

ETA MIRA A CATALUÑA

Aleix Vidal-Quadras

En este momento se están desarrollando dos procesos paralelos sin aparente conexión entre sí. Por una parte, en Cataluña los partidos nacionalistas elaboran un nuevo Estatuto de Autonomía que no es una reforma del actual, sino una mutación constitucional encubierta. En ella, se pretende liquidar el Estado español en Cataluña y acabar con España como Nación. El texto salido de la Comisión Primera Legislativa del Parlamento del Parc de la Ciutadella es tan disparatado y subversivo que resulta obvio que es un señuelo para después fingir que se atempera de acuerdo con las observaciones del Consell Consultiu y obtener así un redactado final que la ciudadanía y el Congreso de los Diputados acepten como mal menor, pero que cumplirá los mismos deletéreos objetivos de dinamitación del pacto de la transición. Por otra, el Gobierno socialista y ETA mantienen contactos secretos a través de intermediarios cualificados con el fin de negociar el cese definitivo de la violencia. En estas negociaciones, tan reales como negadas por el Gobierno, es obvio que cada parte deberá ofrecer algo. Los terroristas ponen sobre la mesa dejar de asesinar. El mero pensamiento de que a cambio se conformarán con medidas de alivio a la situación de sus presos y la relegalización de Batasuna es de una ingenuidad ridícula. Exigirán una contrapartida política, y muy alta. Por tanto, hay que preparar el terreno para que este precio pueda ser pagado sin vulnerar en exceso el ordenamiento vigente.

Y ahí es donde entra en juego el nuevo Estatuto. Si las fuerzas políticas catalanas pactan en Barcelona y una mayoría en las Cortes se traga en Madrid la desaparición de la Administración periférica del Estado en Cataluña; la confederalización de la política exterior, la política europea, los órganos constitucionales y la financiación autonómica; la fragmentación de la Justicia; el blindaje de las competencias exclusivas que pasan a ser excluyentes y la autoproclamación de Cataluña como nación, quedará pavimentado el camino para el Plan Ibarretxe II. Una vez sentado el precedente catalán, la reclamación de los nacionalistas vascos de plena soberanía ya no será un problema y ETA habrá triunfado. Por supuesto que a partir de aquí dejará de matar porque sus objetivos se habrán cumplido.

Zapatero en su inconsciencia ha decidido rendirse a ETA y necesita el Estatuto de Carod como coartada. Por eso, los matarifes etarras siguen atentamente la evolución de los acontecimientos en Cataluña. Sería interesante saber hasta qué punto toda esta siniestra maniobra se preparó en las infames conversaciones de Perpiñán, pero, en cualquier caso, no se puede ignorar su existencia y su repugnante significado. Tiene toda la razón Mariano Rajoy cuando dice que no hay que separar la mirada del futuro. Hemos de estar muy atentos para evitar que nos lo roben.

EL CORREO

Viernes, 16 de septiembre de 2005

AL-QAIDA SE CARGÓ A ETA

José María Calleja

El terrorismo de Al-Qaida es al terrorismo nacionalista vasco lo mismo que los sólidos a los líquidos. Ya recuerdan el principio de Arquímedes: todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del fluido que desaloja. Al-Qaida ha desalojado a ETA.

Entre las múltiples razones que podemos encontrar para explicar el declive del terrorismo nacionalista vasco una de ellas es, sin duda, el efecto que han tenido los atentados de Al-Qaida. Efecto en el desprestigio de la muerte, en la clausura del asesinato terrorista como método para conseguir un desideratum en Europa occidental. Nada más producirse la masacre del 11-M en la estación de Atocha, en Madrid, una sensación de espanto recorrió a bastantes de los que durante años han apoyado los crímenes de ETA, y a los nacionalistas vascos comprensivos con la violencia: mira que si esta barbaridad la han hecho los nuestros, pensaron. Aquella duda, en medio de los cadáveres, los trenes humeantes, el desgarro de una población conmocionada tuvo un efecto didáctico para explicar la perversión del terrorismo, del asesinato, como no habían tenido los casi mil crímenes cometidos por los terroristas de aquí a lo largo de más de treinta años de sangrienta historia. Los que creyeron plenamente que ETA era capaz de cometer aquella matanza, también los que, al menos durante unas horas, pensaron que era posible que el terrorismo nacionalista vasco fuera el responsable de aquel espanto, es muy posible que hayan quedado vacunados de por vida respecto de cualquier veleidad, o apoyo explicito a los atentados terroristas. Más cerca en el tiempo, resulta muy significativo que el IRA saliera en estampida para desmentir cualquier eventual responsabilidad en la matanza del 7 de julio en Londres. En los dos casos opera el mismo mecanismo: nosotros no somos como ésos; como ésos que ustedes odian. Un minuto después se plantea la lógica consecuencia: si vuelven a matar los terroristas locales serán muchos los que les comparen con los terrorista islamistas. Este rechazo a la muerte se suma al evidente hartazgo que en la Comunidad Autónoma Vasca había provocado previamente la sucesión de crímenes, de terrorismo callejero y de extorsiones a empresarios realizados por ETA durante lustros. El vaso de la paciencia, que se desbordó con el crimen de Miguel Ángel Blanco en Ermua, en 1997, no ha parado de recibir aportes.

Hay otros factores que explican la falta de fuelle del mundo terrorista si lo comparamos, por ejemplo, con su capacidad movilizadora de los años ochenta y buena parte de los noventa. La Policía española ha golpeado con fuerza, reiteración y certeza en las estructuras etarras; en sus grupos de asesinos, en su dirección, en sus redes de reclutamiento, hasta el punto de que los individuos predispuestos a alistarse en la banda hoy se lo piensan dos y más veces; además, cada vez es más difícil encontrar gente dispuesta a mostrarles el apoyo activo de la cobertura, la intendencia o las imprescindibles tareas complementarias.

El periódico que mejor cuenta las cosas de ETA decía el otro día que cien sujetos, cien, habían apoyado a los presos de la banda en Bilbao. Estos datos, unido a otros muchos de semejante tenor, demuestran una evidente fatiga de los materiales convocantes, una indiferencia masiva de la población respecto de lo que se quiere presentar como el capital político de la banda, los presos, que últimamente cosecha más frialdad que otra cosa.

En el apartado, digamos político, tenemos a destacados portavoces de la cosa dispuestos a ofrecer contrapartidas al Gobierno de Zapatero - «si las quiere que las pida», dijo Barrena en agosto en Bilbao-; balbuceantes portavoces, que bailan la yenka con las palabras y que anuncian contradicciones con aire terminal -Álvarez en agosto en San Sebastián-.

Los portavoces del tinglado no entienden que con tanta gimnasia de gestos como están haciendo, la justicia les cite, les encarcele, les imponga fianzas millonarias, les obligue a presentarse ante la Policía, les haga sentir que sus actos no salen gratis. Se sienten traicionados. Una sensación que comparte con ellos el Gobierno vasco y los nacionalistas del PNV, de EA y los de Madrazo. No saben todavía que el hecho de que muestren voluntad de que esto se acabe no les sitúa en ningún pedestal privilegiado, simplemente demuestra cuán equivocados han estado tantos años; sencillamente certifica su derrota política. Ellos no nos hacen el favor de dejar de matarnos; si dejan de matar es porque el asesinato les resulta cada vez más difícil, gracias a la presión policial; o les desprestigia como no lo hacía antes, derrota política. El IRA ha dejado de pegar tiros sin haber conseguido ni uno solo de sus objetivos, con una autonomía para gestionar un alcalde pedáneo y un camión de bomberos y que encima está suspendida. Aquí, el nivel de autogobierno es uno de los más altos del mundo. El PNV tratara de sacar tajada de esta nueva situación -perdón por la redundancia de unir PNV con sacar tajada-; HB tratará de salvar la cara y vender que treinta años de crímenes sirvieron para algo y los defensores del marco de convivencia que representa la Constitución están ante una situación en la que no pueden permitir que el terrorismo nacionalista vasco consiga sin crímenes lo que no logró cuando era capaz de asesinar a noventa en un año.

Hay, en este panorama, un grupo de defensores del apocalipsis; gente venida ayer, a ultimísima hora, a la lucha contra el terrorismo, con una tendencia enfermiza y obsesiva a fantasear, a inventar y que, como no conocieron las duras etapas anteriores dicen que ahora todo está peor. Triunfa en algunos sectores, a los que parece importarles un comino que esto se arregle y sólo buscan hacer el máximo ruido posible, una especie de poetización del desastre, lleno de palabras como traición, derrota, fracaso y así. Les parece irrelevante el hecho de que en dos años tres meses y quince días no se haya asesinado a nadie. Hombre, algunos nos hemos implicado en la lucha contra el terrorismo nacionalista vasco precisamente por eso, porque asesinaba. Y si no asesina, por las razones citadas, no podemos más que alegrarnos y celebrar este dato de la realidad como un triunfo de los demócratas.

Desde luego que el que no asesinen no convierte en buenos a los criminales ni, por supuesto, hace que Ibarretxe deje de ser un pelma; de la misma forma que el final de la dictadura franquista no terminó con los ultras, no abolió la explotación del hombre por el hombre ni allanó las desigualdades sociales, pero para los que habíamos sido encarcelados, por ejemplo, saber que se acabó el ser detenido o torturado era un alivio. Ahora, saber que cada día es más difícil un asesinato es un alivio para los asesinables, aunque los jefes de prensa del fin del mundo parezcan no darse cuenta de esta obviedad.

HB quiere volver a los ayuntamientos. La excelente política antiterrorista seguida por el segundo gobierno del PP ahogó a la trama civil de la banda y permite ahora a Zapatero tener ases en la manga para poder jugar con ellos. Si HB quiere ayuntamientos, es decir, poder, antes ETA tiene que decir que pliega, que lo deja, que se acabó; pero no con otra tregua trampa, no; con el fin definitivo de los crímenes. Nadie se lo va a echar en cara; es más, muchos lo celebraremos. La experiencia demuestra que ETA aprovecha las treguas como un ingrediente más de su estrategia terrorista; como utiliza los atentados, el miedo y la extorsión. Todo forma parte de una misma estrategia.

Se trata ahora de crear un clima en el que incluso a los más radicales les resulte muy difícil matar, tal y como aconsejaba el tal Pakito, caído del guindo con veinte años de retraso.

No hay asesinatos, y ese es un triunfo de los demócratas. También de los demócratas depende -de su movilización, de su vigilancia, de su tenacidad- que lo que casi todo el mundo asume como fase terminal de ETA se salde sin ninguna concesión a los que desde hace más de treinta años no han hecho otra cosa que atacar la convivencia y ven cómo la derrota les acecha ahora en el cogote.

EL CORREO

Viernes, 16 de septiembre de 2005

ARBITRARIEDAD

Xabier Gurrutxaga

El ministro de Interior manifestó en el Congreso que el Ejecutivo central no tiene previsto ceder la competencia sobre las cárceles existentes en la comunidad vasca, y añadió que la gestión seguirá en manos del Estado porque «es conveniente y porque lo hace bien». Una semana antes, el ministro de Administraciones Públicas calificó de «imposible» la transferencia de los centros penitenciarios. Han transcurrido más de 25 años desde la aprobación del Estatuto y, francamente, resulta triste y lamentable que todavía hoy tengamos que escuchar este tipo de argumentos que, por cierto, nada tienen que ver con dos de los principios básicos de todo sistema democrático, como son el del sometimiento de los poderes públicos al ordenamiento jurídico y la interdicción de la arbitrariedad de esos mismos poderes. Ambos principios constitucionales están siendo permanentemente vulnerados desde el poder central cuando se impide de hecho el cumplimiento de la previsión estatutaria en esta materia.

Hay que recordar al ministro de Interior que difícilmente el Ejecutivo central va a ceder la competencia sobre los centros penitenciarios porque, sencillamente, no la tiene; tras la aprobación del Estatuto, la titularidad de la competencia en régimen de exclusividad pertenece al País Vasco. Cosa distinta es la transferencia de los medios personales y materiales necesarios para el pleno ejercicio de la competencia, cuya titularidad le corresponde en virtud del Estatuto. Precisamente, para la negociación de los servicios vinculados a la gestión de las competencias recogidas en la norma autonómica se creó la Comisión Mixta de Transferencias. El artículo 10, en su apartado 14, es taxativo cuando atribuye la competencia exclusiva en materia de organización, régimen y funcionamiento de los centros penitenciarios. Hace años que el Parlamento vasco aprobó por unanimidad incluir esta materia en el listado de temas pendientes para el desarrollo estatutario.

Hace más de cuatro años, hasta el mismísimo candidato socialista a lehendakari, Nicolás Redondo, defendió como compromiso electoral expreso el traspaso inmediato de los servicios penitenciarios. El PP también aprobó en el Parlamento la legitimidad jurídica de la competencia en materia de centros penitenciarios. Ahora, el ministro de Interior, además, también alega razones de oportunidad y de conveniencia para negarse a la transferencia de los medios materiales y personales. Como es sabido los criterios de oportunidad y de conveniencia poco tienen que ver con el mundo jurídico y sí en cambio con el político, donde el subjetivismo y el interés partidario se imponen sobre la razón jurídica como bien le reprochó el diputado Emilio Olaberria al poner de manifiesto la arbitrariedad que alimentaba la respuesta del ministro. Es decir, no se transfieren los centros penitenciarios porque no le da la real gana. Toda una lección de praxis jurídica por parte de un ex magistrado.