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Opiniones Sobre la Evacuación de Gaza

Por Sin Pancarta - 26 de Septiembre, 2005, 4:02, Categoría: Israel

Varias opiniones que les dejo a su discreción. Sólo un matiz: A mi no me gustan los muros, pero es el derecho de cada persona vivir como mejor le parezca en su casa. Lo que se critica a Israel es donde ha hecho el muro, fuera de sus fronteras legalmente reconocidas ¿Se imaginan que para frenar los ataques de inmigrantes ilegales en Melilla se construyese un muro varios kilómetros dentro de Marruecos? Pues esto es lo mismo.

EL MUNDO

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

NAUFRAGOS EN GAZA

Editorial

Los disturbios ocurridos tras el abandono oficial israelí de la franja de Gaza son un ejemplo de los muchos obstáculos que quedan por delante para poder conseguir una paz duradera en la región. Justo después de que el pasado lunes saliera el último soldado del territorio que Israel ha ocupado durante 38 años, miles de eufóricos palestinos se lanzaron sobre los asentamientos dejados por los colonos. Las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina de Abu Mazen fueron incapaces de frenar a los exaltados, que quemaron algunas de las sinagogas abandonadas. Pese a que habían sido desacralizadas antes de la partida, los incendios causaron la indignación en Israel, que vio las banderas de Hamas y la Yihad Islámica ondear sobre sus antiguos edificios religiosos en llamas.

La escena de caos y violencia contemplada tras la histórica retirada israelí es el peor fondo imaginable para poder pensar en la resolución del conflicto. El vandalismo palestino también ha servido para aumentar las críticas de los sectores más radicales judíos al repliegue ordenado por Sharon, pero en realidad muestra el acierto estratégico de la decisión. Israel había destinado hasta ahora ingentes esfuerzos para proteger a los 8.000 colonos que vivían en Gaza, refugiados en 21 asentamientos y rodeados por una población palestina hostil. Dejando Gaza, Israel se quita un peso de encima. Sigue manteniendo el control del mucho más importante territorio en litigio de Cisjordania y, a la vez, puede ahora controlar a los grupos terroristas de la franja sin tener que temer por las represalias sobre sus colonos. Además, puesto que se ha reservado el control de las fronteras terrestres, del espacio aéreo y de las comunicaciones por mar, puede establecer un cinturón de seguridad sobre una zona explosiva.

Y quien tiene ahora que controlar ese polvorín es Abu Mazen. No es buena señal que Hamas y la Yihad Islámica pretendan capitalizar el abandono israelí de Gaza, presentándolo como una victoria de su estrategia violenta. No es así, y de hecho el terrorismo sólo ha servido para enquistar la situación. La clave de la cuestión es que Mazen sea capaz de controlar a los grupos radicales -la exigencia que le plantea Sharon para aceptarlo como interlocutor- y que pueda evitar con habilidad política y firmeza que la situación se deteriore hasta llevar a una posible guerra civil en el bando palestino.

La Autoridad Palestina necesita crear un Estado sólido y creíble, pero tiene difícil lograrlo. Gaza ha sido abandonada como una balsa encallada, aislada, superpoblada, sin recursos y colmada de las tensiones y odios acumulados en cuatro décadas de conflicto.

EL CORREO

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

DESCONEXIÓN REALIZADA

Editorial

La descontrolada celebración de la salida del último de los soldados israelíes de Gaza, protagonizada por las facciones palestinas más radicales, y la inmediata advertencia realizada desde Tel Aviv, no hacen sino recordar que la 'desconexión' unilateral llevada a cabo por el Ejecutivo de Sharon es sólo el principio de un camino extremadamente delicado de recorrer. Sentar los cimientos de la paz es una tarea tremendamente ardua, mientras que las excusas para reactivar la violencia son abundantes. Y en una región tan castigada por la violencia indiscriminada no faltan intereses entre los propios palestinos para mantener el fuego encendido.

Israel ha mostrado a la comunidad internacional que su población es capaz de acatar una decisión tan polémica como la retirada, sin traspasar la línea marcada por el sentido común y ahora debe ser la Autoridad Nacional Palestina la que demuestre que es capaz de coger las riendas que ha soltado Tel Aviv y manejarlas correctamente. Gaza ha dejado de estar controlada por Israel desde dentro, que no desde fuera -las fronteras terrestres, marítimas y aéreas siguen en manos hebreas-, y el presidente palestino no debe olvidar que precisamente ahora es cuando más fácil le resultará al Gobierno israelí apretar el lazo sobre el cuello de la Autoridad Palestina. Con una tasa de desempleo superior al 50% de la población y la otra mitad trabajando prácticamente en su totalidad para las empresas de los colonos que ahora se han esfumado, no será un camino trillado que le espera a Abbas y su equipo. Que sea capaz de mantener en calma a las milicias palestinas no tiene por qué ser sinónimo de inicio inmediato de nuevas negociaciones, pero lo que es incuestionable es que si no lo consigue no habrá la más remota oportunidad para tratar asuntos tan delicados y complejos como la repatriación de los refugiados, la capitalidad de Jerusalén, la fijación definitiva de las fronteras o simplemente la posible nueva evacuación de asentamientos en Cisjordania. Un golpe mortal a las expectativas de paz creadas ahora en Oriente Próximo.

ABC

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

SI YO FUERA ISRAELÍ

Alfonso Rojo

Algunos fueron a ver la tierra que cultivaban antes de 1967, cuando en una Guerra relámpago que duró seis días Israel arrebató Gaza a Egipto. Otros se acercaron a curiosear o a honrar el sitio donde alguno de los suyos perdió la vida, intentando matar colonos israelíes. La gran mayoría se aproximó a saquear, a rebuscar restos de tubería o cables entre los escombros. También a destruir. Sobre todo a eso. Las fotos de las sinagogas en llamas. Al final, han tenido razón el ministro de Defensa, Shaul Mofaz, y los rabinos que se opusieron a que los bulldozers del Tsahal echaran abajo los lugares de oración.

Los duros, los que más han llorado al arriar la bandera en la Franja, argumentaron que había que dejar a los palestinos la oportunidad de mostrarse «como son». El pasado domingo, en una reunión presidida por Ariel Sharón, Mofaz y los suyos impusieron su criterio y lograron que el Gabinete echara atrás una decisión de la Corte Suprema, que ordenaba destruir las sinagogas.

El espectáculo ha sido dantesco y unido al asalto al puesto de Rafah, representa un negro presagio. Ayer, por segundo día consecutivo, los guardias egipcios fueron incapaces de frenar la oleada de palestinos que excavaba bajo los muros o escalaba barreras para pasar al otro lado y avituallarse de cigarrillos baratos, queso o medicinas.

El fuego de los templos y el caos de la frontera abren inquietantes incógnitas, entre las que la más crucial es la capacidad de la Autoridad Palestina para imponer el orden.

Mientras recorría el antiguo asentamiento de Neve Dekalim, el primer ministro palestino, Ahmed Qureia, imploró a los suyos que respetaran las estructuras dejadas intactas por los israelíes. Su plegaria tenía como telón de fondo el ruido que producía entre los cascotes un enjambre de saqueadores.

El Ejército israelí ha arrasado las casas de los 8.500 colonos pero -gracias a un acuerdo internacional- ha dejado intactos los primorosos invernaderos que permitían a los colonos exportar frutas y verduras todo el año. Esos viveros tecnológicos son la piedra angular sobre la que la que la Autoridad Palestina planea iniciar la construcción económica de Gaza y demostrar al mundo que pueden llegar a ser un Estado viable. Es muy pronto para saber si los invernaderos caerán en manos de potentados corruptos, como tantas cosas en Palestina, o si correrán la suerte de las sinagogas, pero no hay mucho margen a la esperanza.

De todo lo que he escuchado, lo más inquietante es la frase de ese palestino del campo de refugiados de Khan Yunis, que aseguraba antorcha en mano haber aprendido una lección: «No importa lo que haya que esperar, pero al final acabaremos con los judíos y sus obras». Si yo fuera israelí, estaría a favor del Muro.