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Demasiadas Divergencias sobre la ONU

Por Narrador - 26 de Septiembre, 2005, 5:06, Categoría: Naciones Unidas

Opiniones Varias sobre la ONU. Fíjense que además de los medios afines al ‘Presidente Accidental’ quien defiende con más ardor la institución es quien cobra sumas millonarias de la misma. 

EL PAIS

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

EL RATÓN DE LA ONU

Editorial

Los líderes del mundo que se han dado cita en Nueva York tienen ante sí una elección fundamental: adaptar la ONU, la única institución de alcance global, a los retos y necesidades del siglo XXI, o dejar que siga renqueando a sus 60 años. Los astros no son propicios a una reforma ambiciosa, con un Kofi Annan debilitado por el escándalo del programa Petróleo por Alimentos, parte del Tercer Mundo reticente a una definición de terrorismo demasiado amplia y la mayor potencia totalmente onuescéptica. Pese al intenso trabajo previo, el contenido del acuerdo alcanzado anoche sobre el documento que ratificarán los jefes de Estado y de Gobierno apunta a que, lamentablemente, la mayor cumbre de la historia no logrará alcanzar el necesario pacto global que se esperaba de ella.

La primera cuestión central, que atañe a la humanidad, es que se ratifiquen los Objetivos de Desarrollo del Milenio pactados en 2000, y, dado el retraso que llevan en su cumplimiento, se redoblen los esfuerzos para reducir en 2015 a la mitad el número (más de 1.000 millones)

de personas que viven con menos de un euro al día, de las que no tienen acceso a agua potable o de los niños no escolarizados. Pero si Estados Unidos finalmente ha aceptado la mención de estos objetivos, todavía se resiste a comprometerse a un 0,7% del PIB en su ayuda oficial exterior para el final de ese periodo. Principios, sí; compromisos, no. Casi sería mejor lo contrario.

El texto pactado ha mostrado que no hay el consenso mínimo para hacer más representativo el Consejo de Seguridad. Tampoco ha sido posible un acuerdo sobre una definición precisa del terrorismo, aunque de ella dependen importantes instrumentos jurídicos para luchar contra esta lacra. Al final, lo único que parece medianamente garantizado es la creación de una Comisión para la Consolidación de la Paz, que supervise las numerosas operaciones, y las bases de un Consejo de Derechos Humanos que reemplace de forma más efectiva la Comisión de Derechos Humanos que Cuba o Libia han sabido manejar tan a su gusto.

El lastre a la gran reforma es el unilateralismo de Estados Unidos, derivado de su condición de única superpotencia y acentuado por la actual Administración. Estados Unidos, atrapado en Irak, apoyado en Afganistán, debe convencerse de que una ONU fuerte, flexible y funcional será un factor central para reforzar su seguridad. En tres días, los más de 170 líderes no van a arreglar el mundo ni a solventar sus mayores diferencias. Si al menos pusieran en marcha un proceso de reforma a fondo y a plazo, la mayor cumbre de la historia habría parido algo más que un ratón.

LA RAZON

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

LOS SESENTA DECRÉPITOS AÑOS DE LA ONU

Editorial

La Alianza de Civilizaciones apenas encubre una política exterior desnortada y errática   

 

Más de 170 jefes de Estado y de Gobierno participan desde hoy en la histórica cumbre de Naciones Unidas en el 60 aniversario de la institución. Para España tiene un interés particular porque el presidente del Gobierno quiere ganar apoyos para su emblemático proyecto de la Alianza de Civilizaciones. El Rey preside la comitiva española en lo que supone la primera vez que el Jefe del Estado y el jefe del Ejecutivo acudan juntos a una reunión internacional al margen de las tradicionales cumbres iberoamericanas. La cita llega además en el peor de los momentos para Naciones Unidas y para su secretario general, inmersos en el escándalo de corrupción del programa «Petróleo por alimentos». La ONU es hoy un organismo desprestigiado por méritos propios, que demanda una reforma en profundidad con la obligada renuncia de Kofi Annan como primer paso.

Precisamente, la Alianza de Civilizaciones aterriza en la ONU con el serio hándicap de contar como promotor principal a un personaje como Kofi Annan, con las cuentas políticas y las económicas demasiado turbias, así como con las debilidades evidentes de un proyecto intrascendente y carente de la credibilidad propia del marketing político.

La Alianza propuesta por Zapatero, que ha pasado hasta la fecha con más pena que gloria entre las grandes democracias del mundo, es un intento baldío de lograr protagonismo para una política exterior destartalada y fallida. Rodríguez Zapatero debería replantearse sus alianzas y trabajar de verdad para recomponer las relaciones con Estados Unidos y Gran Bretaña, porque caminar por el alambre entre los ejes es demasiado peligroso. No es acertado argumentar, como hizo ayer la vicepresidenta Fernández de la Vega, que España ya no pone los pies encima de las mesas. Como frase electoral, es brillante. Como enunciado de la política exterior del Gobierno es insostenible.

EL PAIS

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

LA SOCIEDAD CIVIL DEBE HACERSE ESCUCHAR

Federico Mayor Zaragoza

El 22 de julio, las Naciones Unidas han publicado el borrador del documento que contiene las decisiones a adoptar en la reunión plenaria de alto nivel de la Asamblea General, entre hoy y el viernes 16, sobre los Objetivos del Milenio, cinco años después de su proclamación. Se reafirma la importancia esencial del multilateralismo y el compromiso para lograr una efectiva cooperación frente a las amenazas transnacionales, así como en el abordaje de las causas de las amenazas y desafíos actuales. El respeto de los derechos humanos constituye la base del desarrollo y de la seguridad -que son a su vez interactivos- y es uno de los fundamentos conceptuales del documento. De igual modo, se afirma que todas las culturas y civilizaciones pueden contribuir al enriquecimiento de la humanidad junto con el entendimiento de la diversidad religiosa y cultural en todo el mundo, especialmente a través del diálogo y la cooperación. El documento propone la adopción de medidas concretas en cuatro áreas principales: desarrollo; paz y seguridad colectivas; derechos humanos e imperio de la ley; y el reforzamiento de las Naciones Unidas.

Dentro del apartado del desarrollo se incluyen la financiación (Consenso de Monterrey), la cancelación de la deuda, la cooperación sur-sur, el desarrollo rural y agrícola, la lucha contra el sida y otros flagelos en el orden sanitario, reforzar el papel de la mujer, emigración, ciencia y tecnología, necesidades especiales de África...

En el capítulo de paz y seguridad colectivas se pone de manifiesto la necesidad de proteger especialmente a la infancia y de incorporar decididamente a la mujer en la prevención y resolución de conflictos; al mantenimiento de la paz se une -lo que constituye uno de los aspectos más relevantes de este texto- la construcción de la paz, con el establecimiento de una comisión especial, en calidad de organismo asesor intergubernamental, que presentará anualmente un informe preceptivo a la Asamblea General. Otros puntos de gran importancia son el desarme y la no proliferación, particularmente de las armas nucleares, químicas y biológicas, de acuerdo con los correspondientes tratados y convenciones, las acciones frente al terrorismo y crimen transnacional, etcétera.

En cuanto a los derechos humanos y el imperio de la ley, se propone el reforzamiento de todos los dispositivos de las Naciones Unidas al respecto y la implantación del programa especial para la educación en derechos humanos, la protección de refugiados, la Corte Internacional de Justicia, la democracia -"reafirmamos que la democracia constituye un valor universal"...-, seguridad humana, cultura de paz e iniciativas para el diálogo entre culturas y civilizaciones -"promover una cultura de paz y de diálogo a escala nacional, regional e internacional"...-, etcétera.

Y en relación a las Naciones Unidas se subraya "el compromiso de reforzar las Naciones Unidas para incrementar su autoridad y eficacia, reafirmando la posición central que corresponden a la Asamblea General y al Consejo Económico y Social", que debe, entre otras funciones, "centrarse en las relaciones entre paz y desarrollo"; y, muy importante, se establece, como órgano subsidiario de la Asamblea General, un Consejo de Derechos Humanos, con un mandato bien definido.

El importante documento que con particulares sentimientos de esperanza estoy exponiendo comprende también reformas de la gestión, del secretariado, para la "coherencia del sistema de las Naciones Unidas" en su conjunto. Considero especialmente relevante destacar, por último, la cooperación que se establece entre las Naciones Unidas y la UIP (Unión Interparlamentaria), así como con las organizaciones no gubernamentales (ONG), la sociedad civil y el sector privado.

En el preámbulo de uno de los documentos más luminosos de nuestro tiempo, la Constitución de la Unesco, que se crea en Londres en 1945 "para construir la paz en la mente de los hombres", se dice que "una paz fundada exclusivamente en acuerdos políticos y económicos entre gobiernos no podría obtener el apoyo unánime, sincero y perdurable de los pueblos, y, por consiguiente, esta paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad".

Hasta ahora, si miramos cuidadosamente hacia atrás, la gente nunca ha figurado en el estrado. Hemos sido súbditos, plantando en surcos ajenos, luchando por causas con frecuencia opuestas a las nuestras. Ahora ha llegado el momento de participar, de ser tenidos en cuenta, de ser ciudadanos plenos. Ha llegado el momento de la solidaridad impulsada y ejercida por la sociedad civil sobre la base de la fraternidad que proclama el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". Distintos -cada ser humano es único- pero radicalmente iguales, sin preeminencias de ningún orden, unidos por unos valores esenciales, aceptados por todos. "El respeto de la diversidad de las culturas, la tolerancia, el diálogo y la cooperación, en un clima de confianza y de entendimiento mutuos, están entre los mejores garantes de la paz y la seguridad internacionales", se afirma en la Declaración de la Unesco sobre la Diversidad Cultural (2001). Y, sin embargo, con excesiva frecuencia, aun en los sistemas democráticos, los ciudadanos han sido contados, en ocasión de comicios electorales y encuestas de opinión, pero no han contado, no han sido tenidos en cuenta.

Para alzar la voz debida, para participar, para contribuir al establecimiento de democracias genuinas, es imprescindible una educación que nos confiera actitudes y comportamientos cotidianos de entendimiento, de escucha, de amor. Educación como "soberanía personal". Educación que arrumbe para siempre el perverso adagio "si quieres la paz, prepara la guerra" y promueva en su lugar la construcción de la paz.

Al haber sustituido todos los pueblos por unos cuantos, la democracia internacional por una plutocracia, los principios morales por el mercado, el mundo está experimentando aquella genial advertencia de don Antonio Machado: "Es de necio confundirvalor y precio". Ante las promesas incumplidas, quienes ya no esperaban pero todavía aguardaban manos tendidas en lugar de alzadas, al verse marginados, engañados, siguieron con frecuencia un proceso caracterizado por la frustración progresiva, la radicalización, la animadversión, el rencor..., desembocando, como sucede, en estos caldos de cultivo, en flujos emigratorios de desesperados, cuando no en manifestaciones de violencia y agresividad.

La sociedad civil tiene ahora, con la nueva tecnología de la comunicación, además de un innegable papel protagonista en la ayuda solidaria, la posibilidad no sólo de hacerse oír, sino de hacerse escuchar. Para que se cumplan los Objetivos del Milenio, para que se erradique la pobreza, para que podamos conciliar el sueño sin pensar en nuestros hermanos que carecen de los mínimos recursos de subsistencia, para que la voz que debemos a los jóvenes sea voz oída y escuchada. Se acerca el momento en que la gente cuente, el momento de la democracia real. El siglo XXI puede ser, por fin, el siglo de la gente. De nos-otros. De todos.

Es esencial, debo repetirlo, como científico, conocer la realidad para poder transformarla. Y está claro que la sociedad civil irá disponiendo de los mecanismos que le permitan poner de manifiesto rápidamente las mentiras, las excusas, los esfuerzos para, con gran aparato publicitario, demostrar lo que es indemostrable. No es tolerable que se pretenda analizar desde Occidente la perversidad del aprendizaje del fundamentalismo islámico después de haber permitido durante décadas aprendizajes -incluyendo los medios audiovisuales- de violencia y de descaro sin límites, después de haber aceptado como "irremediable" que miles de personas mueran diariamente de desamparo y olvido. El extremismo de cualquier pertenencia es igualmente pernicioso. Debemos conocer la realidad de los "aprendizajes" de creencias que convierten en poco tiempo a las personas en individuos. Sentimientos religiosos que aíslan, que habitan de miedo y supersticiones a los conversos... De un lado, intentan convertirnos en meros espectadores de lo que sucede; de otro, se multiplican las actividades de captación en pertenencias que en lugar de liberar, oprimen.

Seguimos viviendo, también en la civilización occidental, aceptando supuestos que hoy resultan ya inadmisibles. Se ha exigido el silencio, se ha impuesto el "toque de queda" en la conciencia de cada uno. Y ahora en cambio, en el siglo de la gente, la palabra "indiscutible" dejará de existir. La solidaridad dará alas a tantos ciudadanos que, poco a poco, habían desaprendido a volar alto y firme por la palabra, por el pensamiento, característica distintiva de la especie humana. "Es por la fraternidad que se salva la libertad", escribió Victor Hugo hace varios siglos. Es por este sentimiento de fraternidad que pasaremos de individuos a personas, a ciudadanos capaces de persuadir a todos los demás de que el conocimiento de la realidad, la anticipación, la evolución de las normas y criterios, son ingredientes fundamentales para encaminarnos hacia otros puertos y enderezar las tendencias actuales. Para la transición desde una cultura de fuerza a una cultura de diálogo y de paz, desde la inercia e inmovilismo que pueden provocar la ruptura y la revolución del trastocado panorama actual al que soñamos para nuestros descendientes, es necesaria una tregua. Lo primero que deberíamos hacer todos es convenir una pausa para ejercer el deber de memoria -memoria del pasado y memoria del futuro- y pensar, escuchar, aunar voluntades y compromisos para una nueva etapa histórica. Durante la misma, deberíamos sobre todo -son necesarias sólo unas horas- releer textos que fueron escritos en momentos excepcionalmente críticos y que reflejan la clarividencia con que fueron abordadas las cuestiones básicas: "La más elevada aspiración de la humanidad es el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias" (preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, 10 de diciembre de 1948). ¿No es ésta, exactamente, la primera conclusión a la que deberíamos volver a llegar 60 años después?

"La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público" (artículo 21 de la Declaración Universal). Es, pues, la gente la que debe, en último término, decidir en qué debe invertirse, cuáles deben ser las prioridades de la nueva gobernación. Las prioridades deben establecerse teniendo en cuenta, en primer lugar, a las víctimas: a las víctimas de la insolidaridad, que mueren por miles de hambre cada día; a las víctimas del terror y la violencia; a los efectos de enfermedades todavía incurables; a los atemorizados; a los niños víctimas de un sistema tan injusto que les convierte en soldados al inicio de su adolescencia o les impulsa a la marginación. Éstas son las prioridades, lo quiera o no reconocer la inmensa maquinaria bélica y quienes la controlan. Sesenta años después de Hiroshima, existen más de 10.000 cabezas nucleares. ¿Cómo puede vivirse y disfrutar de esta radical realidad de la existencia con una amenaza de esta índole? Éstas son las prioridades de la inmensa mayoría que ha vivido secularmente aceptando los designios de los poderosos. Es necesario transitar ahora desde la uniformidad excluyente a la diversidad que incluye. Del unilateralismo al multilateralismo, al pluralismo participativo. De la historia del poder a la historia de la gente.

En Hago saber, Enrique Bardosa escribió estos versos: "Con esta autoridad que me proviene de ser hombre... / que lleva nombre simple y olvidable". Con esta autoridad, la gente dejará de acatar las decisiones que no emanen de un sistema realmente democrático a escalas local y mundial. Del mismo modo que necesitamos cada uno de nosotros tiempo para pensar, para hablar con los demás y, muy especialmente, con los que forman parte de nuestro entorno, ha llegado ahora el momento de una pausa para que todos comprendan que es en beneficio de la inmensa mayoría que debe tener lugar esta transformación, este cambio, que hoy se halla estancado. Tiempo para reflexionar y para leer. La Voz publicaba en su número del 7 de abril de 1936 las siguientes declaraciones de Federico García Lorca: "... el mundo está detenido ante el hambre que asuela a los pueblos. Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa... El día en que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución".

Federico Mayor Zaragoza es copresidente del Grupo de Alto Nivel, designado por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, que desarrollará la Alianza de Civilizaciones

EL MUNDO

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

EL GRAN RETO DE LA CUMBRE DE LA ONU

Juan Somavia

Hace cinco años fue suscrito el compromiso con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas para tener un mundo mejor y más seguro en 2015. Ahora que la ONU realiza la Cumbre Mundial más grande de su historia es necesario enfrentar la verdad: hemos avanzado poco en el cumplimiento de esas metas.

No hemos hecho suficiente para reforzar los cimientos de la paz, que requiere de una reducción significativa de la pobreza a través del trabajo decente y el desarrollo de empresas capaces de generar empleo.

Está claro que las políticas recomendadas para lidiar con la pobreza, para lograr un mundo más seguro y satisfactorio, más próspero y equitativo, no producen los resultados esperados. Casi la mitad de la población del planeta sigue condenada a una existencia precaria, con menos de dos dólares diarios para su sustento. Y con frecuencia la disponibilidad de un empleo no es suficiente para escapar de la pobreza, el mundo está lleno de trabajadores pobres.

Dado que los logros alcanzados son escasos, estamos obligados a repensar y redimensionar nuestras políticas económicas y sociales, si es que queremos reducir a la mitad la pobreza para 2015. Al asumir esta responsabilidad debemos enfrentar la evidencia de que necesitamos generar trabajo para superar la pobreza.

Los individuos, sus familias y sus comunidades tienen derecho a esperar de quienes ostentan puestos de autoridad pública y privada las decisiones que les permitan tener una oportunidad justa de acceder a un empleo decente.

¿A qué nos enfrentamos? La realidad es que estamos creando pocos puestos de trabajo para atender a una fuerza laboral en crecimiento y a quienes son desplazados por la forma acelerada en la cual se manifiestan los cambios estructurales de la globalización. Estamos frente a una crisis mundial del empleo.

Es verdad que en los últimos años se han creado muchos puestos de trabajo, pero al mismo tiempo el desempleo a nivel mundial aumentó un 26% en los últimos 10 años. Esta cifra no nos debe hacer olvidar un problema aún mayor, el del subempleo, el de miles de millones de personas -en especial mujeres- sin acceso a empleos dignos que les permitan desarrollar su potencial productivo.

Además debemos considerar la situación de los jóvenes, a quienes el sistema no les está dando respuestas.

Así como nos referimos a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, podemos considerar a nuestros jóvenes como una Generación del Milenio. Son al menos 1.000 millones de personas que enfrentan la amenaza del desempleo o el subempleo en los próximos años. Aproximadamente el 40% de la población mundial tiene menos de 20 años en la actualidad. Y el 85% de los jóvenes viven en países en desarrollo donde muchos trabajan en condiciones de pobreza, agravadas por la falta de oportunidades.

La OIT estima que unos 86 millones de jóvenes no consiguen trabajo, lo que representa el 45% de los desempleados del mundo. La tasa del desempleo juvenil subió de 11,7% a 13,8% en la última década. En promedio, los jóvenes tienen tres veces más posibilidades de encontrarse desempleados que los adultos.

Por otro lado, millones de jóvenes no pueden permitirse el lujo de estar desempleados, y por eso trabajan durante largas jornadas a cambio de salarios muy bajos, tratando de construir su vida desde la economía informal.

El desafío es grande: ¿cómo vamos a producir empleos para los jóvenes si ni siquiera tenemos suficientes para los trabajadores adultos?

Datos recientes de la OIT demuestran que el crecimiento económico no se traduce en creación de empleo. En 2004, por ejemplo, se registró una tasa de crecimiento de 5,1% a nivel mundial, que resultó en un decepcionante aumento de 1,8% en el número de puestos de trabajo.

De aquí a 2015 unos 400 millones de personas se incorporarán a la fuerza laboral. Esto quiere decir que incluso si se lograra un crecimiento acelerado del empleo que produjera unos 40 millones de puestos por año, la tasa de desempleo bajaría apenas un 1% en 10 años.

Enfrentar el desafío mundial del empleo también requiere que los empleos sean de mayor calidad. La mayor parte de los habitantes del mundo en desarrollo viven y trabajan en el patio trasero de la economía de mercado, es decir, en la economía informal. Son trabajadores que encontramos en el campo, en la calle. Desprotegidos por la Ley, se ven obligados a subsistir con sus familias en condiciones precarias.

Sin embargo, no podemos rendirnos. Existen alternativas. La creación de oportunidades de trabajo decente a través del crecimiento, las inversiones y un aumento de la productividad es la mejor estrategia para enfrentar el desafío. Podemos poner en práctica nuevos enfoques que permitan a trabajadores pobres convertirse en trabajadores prósperos.

La pobreza genera una sensación de impotencia y falta de dignidad. Pero también es cierto que quienes viven en condiciones de privación tienen enormes reservas de coraje, ingenio, perseverancia y además se apoyan mutuamente. El simple hecho de seguir adelante a pesar de la pobreza, como hacen miles de millones cada día, pone en evidencia la resistencia y la creatividad del espíritu humano. Imaginemos lo que podríamos lograr si se liberaran estas reservas.

Iniciativas como la promoción de las empresas, que refuercen el poder de producción y consumo de la mayor parte de la población mundial, en especial de aquellos con ingresos más bajos, son fundamentales para ampliar y profundizar los mercados, lo cual a su vez permite aspirar a un crecimiento rico en empleos e inversiones.

¿Cómo podemos avanzar? Tenemos que empezar por cambiar los paradigmas y reconocer que el empleo, y la promoción de empresas generadoras de empleo, es el mejor camino para escapar de la pobreza. Para tener una economía estable y próspera, es necesario estimular la productividad y el poder de consumo de los ciudadanos.

El trabajo, sin embargo, es el eslabón perdido en los esfuerzos por combatir la pobreza. La mayor parte de las políticas recetadas en el mundo no consideran al empleo como un objetivo explícito, más bien se trata de un efecto deseable como resultado de las políticas macroeconómicas. Si bien es cierto que las políticas macroeconómicas son esenciales para alcanzar un nivel adecuado de crecimiento, es esencial garantizar que este crecimiento sea equilibrado y rico en empleos. Es decir, que permita crear la mayor cantidad posible de puestos de trabajo decente.

Este es un objetivo que estamos obligados a alcanzar. Debemos centrarnos en las inversiones y la iniciativa empresarial, el empleo, la generación de ingresos. Tenemos que buscar una globalización más justa, que beneficie a todos y no sólo a unos pocos. Necesitamos tener una visión de la estabilidad política y social basada en perspectivas de prosperidad para quienes pueden y están dispuestos a trabajar.

Cuando tantas personas hablan de la reforma de la ONU, es necesario recordar que tenemos por delante el desafío de reformar la vida real de los trabajadores y sus familias en todo el mundo.

Juan Somavia es director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)

EL PAIS

Miércoles, 14 de septiembre de 2005

LA POBRE ONU

Eduardo Haro Tecglen

Cada vez que la ONU celebra algo lo examino, refunfuño y termino escribiendo una frase molesta: "Más vale que exista". Cada vez aprieto con menos fuerza en el teclado: cuando uno no está seguro de lo que dice escribe peor. Física y moralmente: esto es una unidad, como la del alma y el cuerpo (que no sé si lo son). La ONU cumple 60 años en esta Asamblea General: no sé si el mundo hubiera sido mejor sin ella, si sus miles de textos sirven para algo y, en fin, cómo hubiera sido el mundo. Adivinar el pasado es muy difícil. El hecho es que mirando hacia atrás, no sin un poco de ira, no se han visto más que crisis, guerras, hambre, amenazas y cosas de ese tipo. Empezó la ONU con África, matando a Lumumba, desplegando sus cascos azules, y África se ha acabado. Se fundó el Tercer Mundo con una asamblea y un decálogo en Bangkok, y ahora tienen más hambre que antes. Cayó el sistema comunista en países que todavía no han encontrado con qué sustituirlo, sobre todo la madrecita Rusia, a la que cada día atacan más nuestros distinguidos disertantes de la derecha. Estados Unidos dirige el mundo y arrasa lo que puede. La ONU estaba segura, como todo el mundo, de que Irak no tenía armas masivas, pero nos lo saltamos entre cuatro jinetes del Apocalipsis, y se sigue destruyendo Irak con una fe que merece mejor causa. Es posible decir que, salvo los países que perdieron la guerra, todos están peor que en el momento de la creación, cuando sus fundadores se felicitaron a sí mismos. Y yo venga a decir que más vale que sea así, que sería peor si no existiera. ¡Hombre, no! Esta ONU es tan horrible como lo fue la Sociedad de Naciones, que dejó el crecimiento del nazismo, la guerra de Abisinia (Etiopía) y la de España. Puede que sería mejor que se acabara la ficción, se declarase un mundo imperial -por favor, con otro emperador que no fuese Bush: es un mínimo de solicitud- y todos supiéramos lo que debíamos hacer. ¿Es difícil imaginar un mundo donde cada persona, cada país, supiera lo que debe hacer? Tendrían que meditar en ello los filósofos, y ya se ve cómo están: perdidos con sus fantasmas menores.

La información hará olvidar, felizmente, lo que digo. Cada país se lleva lo mejorcito: nosotros, al Rey. Supongo que hablará, y si habla es de la alianza de civilizaciones proclamada por Zapatero. ¿Mejor que si no existiera?

EDITORIALES Y OPINIONES EN LA PRENSA EXTRANJERA

El diario estadounidense The New York Times dedica editorial titulado: “La desaprovechada reunión en la cumbre de la ONU”. Señala que “la oportunidad, que se da una vez en una generación, para reformar y reanimar a la ONU se ha desperdiciado incluso antes de empezar. La responsabilidad de este fracaso es de todos. Pero los Estados Unidos, como país anfitrión y miembro más influyente de este organismo, soportan una parte considerable de la misma”.

The Guardian, de Londres: "Las Naciones Unidas fueron fundadas hace 60 años para representar las grandes ideas de la democracia que se unieron para combatir unidas el fascismo y para crear una mundo mejor. Desde entonces los cínicos no se cansan de decir que esta organización debería llamarse más bien "naciones desunidas". Desgraciadamente resulta realista prever que de no registrarse un milagro diplomático, en la mayor cumbre de todos los tiempos no se logrará cumplir con las metas autoimpuestas.  Naciones en desacuerdo se encargan de que la ONU que tiene un corazón de oro, cuente sólo con piernas de papel que no la dejan avanzar."

El vespertino francés Le Monde: "La gran reunión en Nueva York con seguridad no será más que la acumulación de discursos bonitos, pero no se logrará una verdadera decisión. Los intereses de las 191 naciones miembros de las Naciones Unidas son tan diversos que lograr un acuerdo para la reforma resulta muy difícil. Estados Unidos se opone a la ampliación del Consejo de Seguridad. Está dispuesto a aceptar posiblemente la entrada de Japón, pero no la de Alemania. La reforma del Consejo de Seguridad se aplazará para mejores tiempos. El gobierno de George Bush no busca la muerte de las Naciones Unidas. Lo que quiere es una organización que no le estorbe, y la actual situación le viene como añillo al dedo."

Libération, en artículo de Gérard Dupuy, bajo el titular: “Egoísmos”, se pregunta “para qué sirve la ONU. Para poco, dice Bush de quien se sospecha, y no sin razón, que quiere su fracaso. Para otros, sirve para molestar al Presidente estadounidense”.

El diario alemán Handelsblatt titula: “ONU, el final de un sueño“. Destaca que “el sueño europeo de una organización poderosa y supranacional no es compartido por la superpotencia Estados Unidos o por la superpotencia emergente China. La tan necesaria reforma de la ONU amenaza con acabar en una mini-reforma debido a los intereses estadounidenses y chinos”.

Kurier, de Viena: "El mando mundial está regido por intereses propios. Esto se aplica especialmente al caso de Estados Unidos y su actual administración. Para los estrategas neoconservadores de George Bush vale un lema simple: si los gremios de las Naciones Unidas respetan nuestros deseos bien. Si no lo hacen, también, pero entonces no nos comprometemos (véase protocolo de Kyoto) o resolvemos la tarea sin la bendición de la ONU (guerra de Irak). Pero también en Europa se cuecen habas. En vez de luchar por la presencia poderosa de la Unión Europea en el Consejo de Seguridad, Londres y París no quieren prescindir de sus mandatos. Y ahora también Berlín busca una oficina junto al East River. Aunque se entienden estas "luchitas" al final lo único que logran es paralizar a la ONU.  La reforma tan necesaria ha quedado olvidada, aún cuando era lo más importante. Con estructuras de la época de la posguerra y la Guerra Fría no se podrán solucionar los problemas del Siglo 21."

El diario italiano Corriere della Sera, bajo el título: “Cumpleaños triste para la ONU”, comenta que “no hay ningún acuerdo sobre el desarme. Según Annan, ha habido aguafiestas. El duro Bolton se convierte en el ‘ángel de las negociaciones’. Los Estados Unidos y la UE están más unidos de lo previsto. Enfrentamiento con Rusia, China y el Pakistán”. Añade que es “un melancólico otoño de la ONU: peleas entre ricos, abandonados los pobres”,

La Stampa, de Roma: "La cumbre de las Naciones Unidas estuvo a punto de fracasar, por lo que el saliente presidente de la asamblea general, Jean Ping, se vio obligado a presentar a los jefes de Estado y Gobierno un nuevo texto para su ratificación. Con este se reemplaza aquel texto sobre el que los estados miembros no lograron ponerse de acuerdo en seis meses de negociaciones. Al final se logró un acuerdo y la asamblea general lo aceptó. Con la participación del presidente estadounidense George W. Bush, y otros jefes de Gobierno la comunidad internacional decidirá durante esta jornada sí fracasará la tan deseada gran reforma de la ONU o si se creará la base para un nuevo inicio."

El portugués Diário de Notícias, en editorial titulado: “La ONU y la superpotencia”, subraya que “el problema de la ONU es básicamente con los Estados Unidos: conciliar su visión imperialista con el resto del mundo. La lección del Iraq apuntó la incapacidad que tiene la estructura de las Naciones Unidas para lidiar con los problemas de hoy”. Este mismo diario titula “Clima de divergencia marca la Cumbre de la ONU”. Manuel R. Ferreira señala que “quedó aplazada para diciembre la cuestión sobre el número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad y no hay certidumbre de que para entonces haya consenso”.

El diario venezolano El Universal recoge unas declaraciones del representante de este país en las Naciones Unidas bajo el título: “El proyecto de reforma de Naciones Unidas está viciado”. “Este proyecto constituye una imposición y tiene como objetivo transformar a la ONU en un ente multilateral al servicio exclusivo de las grandes potencias”, afirma el embajador Fermín Toro Jiménez.