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Se Consuma la Evacuación de Gaza

Por Sin Pancarta - 23 de Septiembre, 2005, 16:17, Categoría: Israel

Israel se ha ido de Gaza, al menos parcialmente. La Autoridad Nacional Palestina tomó ayer el control de Gaza tras la salida del último soldado israelí. "La presencia de Israel en Gaza se ha acabado; de ahora en adelante lo que pase allí es responsabilidad de la Autoridad Palestina", aseguró el general Aviv Kochavi. Tras la salida, miles de civiles palestinos tomaron al asalto las colonias abandonadas y llegaron a prender fuego a 19 sinagogas, previamente desacralizadas por los israelíes. "Ha llegado el momento de que nuestro pueblo pueda disfrutar y acabar con los dramas, las tristezas y los sufrimientos. Hoy es un día de júbilo", aseguró el presidente palestino, Mahmud Abbas. Por cierto que a nadie le extrañe la quema de sinagogas en Gaza, son uno de los símbolos de la ocupación militar y posterior colonización Si se destruyeron todas las colonias ¿Por qué dejaron las sinagogas? ¿Será para cargar contra los palestinos? Es momento para el optimismo. Muy moderado, pero optimismo al fin y al cabo.

ABC

Martes, 13 de septiembre de 2005

PALESTINA CELEBRA, BAÑADA EN EL JÚBILO Y AHOGADA EN EL CAOS, EL ADIÓS DE ISRAEL A GAZA

Juan Cierco

Abbas recorre los asentamientos evacuados, iza la bandera palestina en la terminal de Rafah y denuncia a Sharón por no abrir «la cárcel» de la Franja mediterránea

Diez meses después, Gaza volvió a enterrar a Yaser Arafat. Las escenas que se vivieron durante toda la madrugada de ayer en la Franja mediterránea, con la salida del último soldado israelí después de 38 años de ocupación militar a las siete menos diez de la mañana («la misión se ha completado», sentenció el general Avi Kojavi, al cerrar la puerta de Kissufim), y el posterior asalto de decenas de miles de enfervorizados palestinos a los asentamientos judíos demolidos y abandonados, fueron una fotocopia prácticamente idéntica de las acaecidas en Ramala el pasado mes de noviembre en el funeral del «rais» en la «Mukata».

Como en Ramala, en Gaza no hubo medidas de seguridad que alejaran a los palestinos de su objetivo: entrar lo antes posible, en paralelo incluso a la retirada de los carros de combate israelíes, en las ruinas de lo que fueron hace menos de un mes florecientes colonias judías.

Como en Ramala, el caos y la emoción pasearon de la mano en Gaza sin que nadie ni nada pudiera separarles a lo largo de toda la jornada. Caos que se reflejó en el asalto literal de los escombros, de los edificios públicos no dinamitados y, sobre todo, de cuatro de las veintiuna sinagogas dejadas en pie en una curiosa decisión del Gobierno de Israel, que contradecía su postura de hace sólo unos meses, y la del Ejército, y la del Parlamento, y la del Tribunal Supremo, y la de la comunidad internacional.

De hecho, Estados Unidos criticó con dureza el indulto israelí a sus sinagogas, huérfanas de vestigios de culto, por dejar sin margen de maniobra a la ANP.

La euforia del momento

Caos y emoción. Emoción que se mezcló, a diferencia de Ramala, con un júbilo desbordado que, por un día, sólo, un día, nada más que un día, obvió lo que todos saben en la Franja mediterránea Gaza y Mahmud Abbas se encarga de recordar incluso cuando pisa un asentamiento, como el de Duguit, o iza la bandera palestina en la terminal de Rafah, en la desprotegida frontera con Egipto donde también sobró la anarquía.

Abbas no cejó en todo el día en recordar que, de no abrirse las fronteras que la rodean, la Franja de Gaza no será sino una cárcel, eso sí, mucho más grande que hasta ahora, en donde se hará imposible el desarrollo social y económico de más de un millón de personas.

Como en Ramala, en Gaza estuvo muy presente Arafat, Yaser, que no el asesinado hace pocos días, Musa. Los abundantes retratos del «rais», las dedicatorias al viejo Abu Ammar, como le llamaba su pueblo, se multiplicaron aquí y allí durante toda la jornada.

Como en Ramala, en Gaza, la euforia dio paso al descontrol, el descontrol cedió el testigo a las ansias de venganza, las ansias de venganza se mezclaron con las rivalidades internas, las rivalidades internas no ocultaron un pasado demasiado presente de agresiones, humillaciones, injusticia, muerte, colonización y todo tipo de sentimientos encontrados.

Rezos exaltados

Como en Ramala, en Gaza se rezó a Alá, aunque algunos, como el líder de Hamás, Mahmud al-Zahar, lo hicieran de forma más que provocadora en la sinagoga de Neveh Dekalim, que será en breve demolida por las excavadoras palestinas.

Como en Ramala, en Gaza, que resulta ser sólo el cinco por ciento del total de la tierra palestina ocupada por Israel, se exigió el final de la colonización de Cisjordania y Jerusalén Oriental y se prometió más resistencia (Hamás, protagonista; de hecho volaron dos cohetes Qassam hacia Israel) hasta lograr el objetivo.

Lágrimas de alegría

Diez meses después, Gaza volvió a enterrar a Yaser Arafat. Pero ayer, las muchas lágrimas vertidas por las decenas de miles de personas que bañaron las calles de la Franja, sus carreteras, sus campos de refugiados, su mar Mediterráneo en el que se ahogaron cinco jóvenes, eran todas de júbilo, no de tristeza.

ABC

Martes, 13 de septiembre de 2005

LA HISTORIA DEL ÚLTIMO Y EL PRIMER MUERTO DE RAFAH

Juan Cierco

GAZA. La realidad siempre es muy dura de masticar en Gaza. Lo era con los soldados israelíes, sus carros de combate, los colonos judíos. Lo es también sin ellos. La realidad habló de muertos en el pasado, habla de muertos en el presente, hablará de muertos en el futuro.

Habla del último muerto antes de la retirada de las tropas hebreas de la Franja mediterránea.

Habla de Bashir Sufi, un joven del campo de refugiados de Rafah, tiroteado por unos soldados israelíes el pasado fin de semana, cuando se infiltró en el asentamiento de Aztmona, entre sus ruinas, para demostrar su valentía y arrojo ante sus compañeros de armas, pero también su estupidez.

Habla del primer muerto una vez completada la evacuación judía de la Franja Gaza. De Nafez Attiyeh, alcanzado ayer de un balazo en la cabeza cuando aprovechaba el caos generalizado de la frontera en Rafah para llegar hasta Egipto. Dos versiones para un muerto.

La bala fue disparada por un soldado egipcio, lo niega El Cairo. La bala cayó del cielo, de los disparos realizados al aire de milicianos también estúpidos.

El último y el primer muertos de Rafah. Días antes de la retirada israelí. Horas después del final de la ocupación. La realidad, también estúpida, dura de masticar.

ABC

Martes, 13 de septiembre de 2005

«¡AHORA CISJORDANIA Y JERUSALÉN!»

Juan Cierco

Miles de palestinos hacen su sueño realidad al tomar al asalto Gush Katif. En una caótica romería, cantan, desfilan armados, queman las sinagogas abandonadas...

Con su gorra verde de Hamás bien calada, Nabil se seca las lágrimas al pisar la sinagoga de Neveh Dekalim. No porque esté ardiendo, sino porque su sueño de besar este suelo palestino se ha hecho realidad.

«Han hecho falta muchos mártires para llegar hasta aquí», dice feliz a sus 30 años mientras saluda en la distancia al gobernador de Jan Yunis, Hosni Zoroub, que canta victoria a los cuatro vientos mientras proclama que «después de Gaza le toca el turno a Cisjordania y Jerusalén».

Ahmed, a sus 9 años, pasa de puntillas sobre el contexto histórico, que desconoce, y se dedica en cuerpo y alma a su ardua tarea en Netzer Hazani: empujar una pesada carretilla repleta de marcos de aluminio de ventanas y puertas.

Otros muchos hacen lo mismo. Se llevan todo lo que encuentran entre los escombros, por inservible que parezca. No sólo desean quedarse con algún recuerdo, sino que acumulan trastos con el objetivo de sacar unos shekels. Ahí está Omar, azotando sin piedad a su burro, entrado en años que no en kilos, que tira de una carreta, junto a Katif, cargada de maderos y hierros retorcidos.

Más allá, en Shirat Hayam, decenas de niños y jóvenes se dan su primer baño en la costa de Gaza hasta ahora ocupada. Cinco de ellos morirán ahogados entre el delirio y el caos generalizados, como mueren los bañistas japoneses por exceso de personal en sus piscinas. La tragedia se come a dentelladas cualquier motivo de júbilo en la castigada Franja.

A la vuelta de una esquina, Ibrahim, con el número 1.646 en su carnet «israelí», celebra junto a su mujer, sus diez hijos, su padre y sus cuñados, recién llegados de la cercana Jan Yunis después de 5 años de no poder hacerlo, la retirada israelí.

En su modesta casa de Al Mawasi ofrece té y pan con «zatar», mientras reconoce que muchos de sus vecinos van a echar mucho de menos los 3.000 puestos de trabajo que les proporcionaban los colonos en sus invernaderos.

Varias columnas de humo negro se levantan aquí y allá. Suele decirse que por el humo se sabe dónde está el fuego. En este caso, dónde están las sinagogas. Cuatro arden después de ser tomadas al asalto por decenas de jóvenes, ansiosos de acabar con los últimos símbolos de una ocupación militar que ha durado 38 años y ha costado miles de vidas.

Banderas bien altas

Las banderas palestina, del Yihad, del FPLP, de Al Fatah ondean en lo alto de las sinagogas, de los edificios públicos no demolidos, del antiguo cuartel general del Ejército israelí... Mohamed se sube habilidoso a uno de los postes eléctricos para colocar la más verde que ha encontrado de Hamás.

La caótica romería continúa aquí y allá. De norte a sur. De Eli Sinai, donde Mustafá insiste en que después de Gaza tienen que venir Cisjordania y Jerusalén, hasta el viejo Yaser, quien le rebana el cuello a un cordero en el tradicional sacrificio musulmán para darle gracias al cielo.

Nabil, Hosni, Ahmed, Omar, Ibrahim, Mustafá, el viejo Yaser... todos tienen a algo más que contarle a sus nietos.

EL MUNDO

Martes, 13 de septiembre de 2005

LOS PALESTINOS QUEMAN EN GAZA LAS SINAGOGAS DE LAS EX COLONIAS

Paula Mercade. Especial para EL MUNDO

JERUSALEN.- El último soldado israelí salió de la ocupada Franja de Gaza en la madrugada de ayer. Horas después entraba la Policía palestina en los vacíos asentamientos con la intención de explorar la situación sobre el terreno. Pero los propósitos de las Fuerzas de Seguridad del Gobierno palestino quedaron en nada cuando una multitud de gente, entre los que también había milicianos, penetró en lo que desde hacía 38 años eran colonias judías.

La muchedumbre hizo ondear banderas palestinas por todos los rincones, se oían disparos al aire en señal de victoria y se veían fuegos que provenían de algunas sinagogas en llamas. Los militantes subieron al tejado de uno de los templos judíos del que había sido el asentamiento de Neve Dekalim, primero colocaron sus estandartes -la bandera de Hamas y la de Al Fatah- y después quemaron el interior del edificio. Un episodio que se repitió al menos en otras 18 sinagogas, causando daños materiales en sus estructuras. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Silvam Shalom, un férreo defensor de que los templos judíos permanecieran intactos después de la retirada, calificó estos actos de «bárbaros».Por su parte, el presidente palestino, Abu Mazen, ya advirtió de que no sería posible mantener en pie las sinagogas, no sólo porque no tenían suficientes recursos, sino también porque las consideraban un símbolo de la ocupación. Mazen no consideró que se hubiera profanado ningún lugar sagrado ya que los edificios habían sido vaciados de los objetos sacros. El líder palestino aseguró que su gente tenía «el derecho de celebrar su libertad» y recordó que el próximo paso es «acabar con la ocupación en Cisjordania y establecer el estado palestino». Abu Mazen pidió tiempo, hasta finales de año, para poder controlar totalmente Gaza. Una misión difícil, ya que ayer se lanzaron los primeros cohetes Qassam, escasas horas después de que Israel saliera definitivamente de la Franja. Uno de los proyectiles cayó en Sderot, al sur de Israel, el otro en el kibbutz de Yad Mordechai, también al sur, aunque ninguno causó daños. En respuesta, el ministro de Defensa israelí, Shaul Mofaz, advirtió de que habría «tolerancia cero» ante estos ataques.

EL PAIS

Martes, 13 de septiembre de 2005

LOS PALESTINOS TOMAN EL CONTROL DE GAZA

Ferran Sales

Miles de árabes asaltan las colonias vacías tras 38 años de ocupación y queman cuatro sinagogas

Gaza - Gaza ha sido liberada. El último soldado israelí abandonó ayer, poco antes de las siete de la mañana, la franja de Gaza, poniendo fin a 38 años de ocupación. La retirada de los militares desató la euforia y el caos entre miles de palestinos que tomaron los antiguos asentamientos judíos. Las fuerzas de seguridad palestinas, apoyadas por las milicias armadas, trataron en vano de controlar a los más exaltados, que acabaron tomando al asalto algunas de las sinagogas, previamente desacralizadas por los israelíes. Al menos cuatro de los templos hebreos fueron incendiados y dañados, lo que provocó la ira de algunos miembros del Gobierno israelí. "Hoy es un día de júbilo", afirmó el presidente palestino, Mahmud Abbas, que trató de minimizar los incidentes.

"La misión se ha completado. La presencia de Israel en Gaza se ha acabado. De ahora en adelante lo que pase allí es responsabilidad de la Autoridad Palestina", aseguró ayer el general de brigada Aviv Kochavi, mientras franqueaba el paso de Kisufim, convirtiéndose así en el último soldado israelí en abandonar la franja de Gaza. Pocos minutos antes, una columna de carros blindados, del tipo Merkava, había salido por la misma frontera, dejando atrás una nube de humo y de polvo, que por unos minutos llegó a ocultar el sol.

La retirada de los militares israelíes, en una operación relámpago que apenas duró siete horas y que fue bautizada por el mando militar con el pomposo nombre de la Última Guardia, fue como una señal, tras la cual miles de civiles palestinos invadieron los antiguos asentamientos judíos. Algunos grupos, los más exaltados, ni siquiera esperaron a la retirada de los últimos soldados, ni a la llegada del alba. En plena noche, avanzaron a tientas, campo traviesa, hasta entrar en los asentamientos abandonados. A la luz de los incendios de los edificios estratégicos, provocados por los soldados antes de marcharse, pudieron confirmar que ya allí no había nadie.

Las sinagogas, el último bastión de los colonos radicales antes de su partida, amanecieron coronadas por las banderas de las facciones palestinas más radicales, especialmente de Hamás y de Yihad Islámica. Algunos fanáticos tomaron al asalto los templos para incendiarlos y saquearlos. Las fuerzas de seguridad palestinas lograron contener a los exaltados y establecer un cordón de seguridad en torno a los templos. Al menos cuatro de las 19 sinagogas abandonadas por los israelíes fueron incendiadas o gravemente dañadas.

El asalto de estas sinagogas, previamente desacralizadas por las autoridades religiosas judías, que habían retirado antes de salir todos los objetos de culto, provocó ayer las iras de algunos miembros del Gobierno israelí. El ministro de Exteriores, Silvan Shalom, calificó las acciones de los radicales contra las sinagogas como actos de "barbarie".

"Ésta es la prueba definitiva del futuro terrible que podemos esperar de los palestinos", clamó desde Jerusalén el dirigente del Partido Nacional Religioso, Shaul Yahalom, tratando de avivar los resentimientos de los colonos judíos. Las imágenes de las banderas palestinas hincadas en las montañas de escombros, restos de sus antiguas casas, hirieron la sensibilidad de los antiguos vecinos de los asentamientos, hoy convertidos en refugiados de lujo, tras haber cobrado indemnizaciones millonarias.

Una legión de palestinos, en su mayoría en paro o desheredados, dedicaron toda la jornada a deambular entre las ruinas de los asentamientos, hurgando entre los escombros de las casas, tratando de encontrar algo de valor.

Los más desesperados y hambrientos se llevaron los marcos de las ventanas, trozos de madera o los cables de la electricidad o el teléfono. Los accesos de las viejas colonias se convirtieron en un zoco, donde se pesaban y tasaban los desechos. Otros vecinos más ociosos prefirieron acercarse al mar para darse un chapuzón en libertad en lo que eran hasta ayer playas privilegiadas y exclusivas de los colonos. Fuentes hospitalarias aseguran que cinco jóvenes murieron ahogados.

El Corredor de Filadelfi, la línea fronteriza que separa Gaza de Egipto, fue también tomado al asalto por los palestinos. Las fuerzas de seguridad egipcias, que desde hace dos días han reemplazado a las tropas israelíes, quedaron desbordadas. Durante horas no hubo barreras, ni fronteras. En plena euforia, mientras el gentío pasaba de un lado al otro, un hombre de 34 años caía al suelo con un disparo en la cabeza. Nadie ha querido responsabilizarse de su muerte, pero todos apuntan a los soldados egipcios. Los 42 kilómetros de la carretera de Saladito, que une el norte con el sur de la franja de Gaza, quedó ayer reabierta, tras cerca de cinco años de controles militares que partían la franja en dos mitades e impedían el libre tránsito de sus ciudadanos.

"Ha llegado el momento de que nuestro pueblo pueda disfrutar y acabar con los dramas, las tristezas y los sufrimientos", aseguraba desde las ruinas del asentamiento de Dugit, al norte de Gaza, Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina. El ministro para Asuntos Civiles, el coronel Mohamed Dahlan, el caudillo militar más mimado por Estados Unidos, saboreaba también, junto al presidente palestino, las primeras horas de libertad de Gaza tras 38 años de ocupación.

LA RAZON

Martes, 13 de septiembre de 2005

MILES DE PALESTINOS CELEBRAN LA RETIRADA ISRAELÍ DE GAZA CON LA QUEMA DE SINAGOGAS

Saud Abu Ramadán

Miles de palestinos se apresuraron ayer a ocupar los territorios evacuados por el Ejército israelí en la franja de Gaza, donde prendieron fuego a varias sinagogas y celebraron el fin de 38 años de ocupación.

Gaza - La multitud, eufórica y descontrolada, entró en los asentamientos evacuados antes siquiera de que el último de los soldados israelíes hubiera abandonado la franja de Gaza poco después del amanecer, en una muestra de júbilo por el ansiado fin de la ocupación.

Como primera muestra de satisfacción, y también venganza, los palestinos prendieron fuego a varias de las sinagogas que habían quedado en pie, que ordenó demoler ayer la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para erosionar cualquier símbolo de la presencia israelí en Gaza. Las sinagogas, vacías de todo vestigio religioso, fueron dejadas en pie por decisión del Gobierno israelí a última hora ante la oposición que la alternativa de destruirlas había levantado en círculos religiosos judíos de dentro y fuera de Israel.

En un principio estaba previsto que la población palestina no entrase en los asentamientos durante 72 horas, hasta que la ANP hiciera un estudio de la situación y desplegara sus fuerzas de forma ordenada. Pero la multitud pudo más que los planes, y miles de palestinos entraron para festejar y saquear cualquier objeto de entre las ruinas de las más de 1.800 viviendas demolidas por el Ejército antes de completar su retirada ayer a las siete de la mañana. «La misión ha sido cumplida, ha concluido una era», se limitó a decir el general de brigada Aviv Kojabi, el último militar israelí en salir de Gaza. Del lado israelí de Kisufim, Kojavi echó el cerrojo al paso fronterizo e izó con sus soldados la misma bandera que horas antes había arriado de la comandancia general del Ejército en la franja. «A partir de ahora –agregó el alto mando– la ANP tiene la responsabilidad de lo que ocurra en Gaza. Nosotros la tenemos por el futuro de nuestra población».

Lo que ocurre en Gaza es el reflejo de las numerosas banderas verdes del movimiento Hamas y amarillas de Hizbulá, que entraron antes del amanecer en los asentamientos evacuados, en una demostración de fuerza y sentimiento de victoria por parte de las organizaciones radicales rivales al movimiento gobernante Al Fatah. Pero para los palestinos ayer no había rivalidades, sino regocijo. «Hoy es un día para la felicidad y el regocijo del que nuestro pueblo ha sido despojado en el último siglo», manifestó el presidente palestino, Mahmud Abas, quien también recordó el largo camino por delante hacia la independencia.

A la vez, denunció que lo que ha ocurrido en Gaza los últimos 38 años ha sido «agresión, injusticia, humillación, muerte y colonización». Como símbolo de esta nueva era, las fuerzas palestinas que entraban en las zonas evacuadas colocaban la bandera de la ANP, mientras desde el sur de Gaza una caravana de vehículos con civiles armados partía a lo que una vez fueron los asentamientos judíos. En el cielo, fuegos artificiales engalanaban un ambiente de «liberación» que se apoderó rápidamente de las masas y que las condujo a las zonas evacuadas. Efe

LA RAZON

Martes, 13 de septiembre de 2005

CINCO MUERTOS DURANTE EL PRIMER DÍA DE PLAYA EN AÑOS

Cinco palestinos murieron ahogados ayer en la costa de la franja de Gaza, en el que era el primer día de playa en años para una parte de la población. Entre los cinco muertos hay dos niños, informaron fuentes médicas palestinas. Los cinco casos se registraron en playas que hasta el domingo estaban en las zonas de Gaza ocupadas por el Ejército israelí, como el bloque de Gush Katif o Duguit. Pese a vivir junto al mar Mediterráneo, muchos palestinos sólo lo habían visto tras las alambradas custodiadas por los soldados hebreos. «Nadie ha ido al colegio hoy. Fuimos a los asentamientos a verlos desde dentro, y luego a la playa. Por fin podemos jugar al fútbol aquí», contaba Ahmed Qadi, de 12 años.

EL PAIS

Martes, 13 de septiembre de 2005

AL RESPLANDOR DE GAZA

Editorial

Miles de palestinos prendieron fuego ayer a cuatro de las 19 sinagogas de Gaza para celebrar la retirada militar israelí de un territorio que, por primera vez desde su ocupación en la guerra de 1967, se hallaba enteramente en manos de la autoridad que dirige Mahmud Abbas. O mejor, no del todo, puesto que son los militantes de las organizaciones terroristas y guerrilleras las que han tomado la franja, celebrándolo con incendios y vandalismo, y abandonándose a la dudosa proposición de que ha sido su lucha la que ha obligado a Israel a replegarse. El propio Abbas ha reconocido con prudencia esta situación al anunciar que espera tener controlada la franja de Gaza para finales de año.

Y tras la retirada, una doble pregunta: ¿conduce lo que el primer ministro israelí, Ariel Sharon, llama la desconexión a algún tipo de proceso de paz? ¿Será capaz la Autoridad Palestina de convertir Gaza en un embrión de Estado en relaciones por lo menos tolerables con Israel?

A lo primero, la respuesta es no, puesto que el propio Sharon proclama que nada tiene que ver una cosa con la otra, y que para admitirle como interlocutor Abbas ha de demostrar primero que merece Gaza, lo que significa en lenguaje menos esotérico que debe imponer su ley en la franja y liquidar las células del terror: Hamás y compañeros de viaje. Y para la parte israelí, la destrucción de las sinagogas -que habían sido desacralizadas por el rabinato- constituye el peor síntoma de futuro.

Responder a lo segundo exige, sin embargo, mayor cautela. Hamás quiere entrar en el juego político, por lo que no ha intentado aprovecharse de la retirada para hostigar al enemigo. Y esa actitud podría auspiciar un periodo de calma hasta que se vea si Israel planea alguna otra desconexión. Pero el desmantelamiento del terror parece muy difícil porque, aparte del riesgo de guerra civil palestina, es en realidad de la ocupación de Cisjordania de donde se alimenta la sed de venganza de Hamás.

Las perspectivas no pueden ser, así, muy alentadoras, máxime cuando Gaza difícilmente puede convertirse en modelo de nada, habida cuenta de que, además de una banda de tierra a orillas del Mediterráneo, es una prisión de 400 kilómetros cuadrados; porque Israel seguirá controlando las fronteras por tierra, mar y aire.