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La Farsa de la ONU por Rafael L. Bardají

Por Sin Pancarta - 20 de Septiembre, 2005, 16:53, Categoría: Naciones Unidas

Más claro no se puede ser: "Lo mejor sería suprimir por completo el comité de derechos humanos y por fin, así, a la farsa en la que se ha caído". (...) "En lugar de añadir votos en el Consejo de Seguridad habría que reducirlos y dejar el derecho de veto exclusivamente en manos de Estados Unidos. Eso sería una estructura de poder más ajustada a la realidad mundial. Más vale que en esta ocasión se entere bien Rodríguez Zapatero de a quién saluda, porque podría perfectamente salir salpicado de corrupción, torturas y sangre. Puesto eso es lo que abunda entre los miembros y en la sede de Naciones Unidas". Absolutamente de acuerdo.

LA RAZÓN

Lunes, 12 de Septiembre de 2005

LA FARSA DE LA ONU

Rafael L. Bardají

Hay que reconocer que la ONU goza de gran prestigio entre los ciudadanos. Sin duda se debe a tres importantes equívocos: el primero, que la ONU es un gobierno mundial que impone la ley y el orden en todo el globo; el segundo, que sus miembros actúan y votan como jueces imparciales en defensa de la legalidad internacional; y el tercero, que todos sus miembros están igualmente interesados en hacer avanzar la justicia, la libertad y los derechos humanos. Nada más lejos de la realidad. El único momento de optimismo (más que de gloria) de las Naciones Unidas fue en 1991 cuando George Bush padre dejó que el Consejo de Seguridad decidiera qué hacer con Saddam Hussein  y delegara en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos el mando de la operación militar para expulsarle de Kuwait. Hasta entonces, la ONU se había caracterizado por su parálisis. Pero después tampoco lo haría mucho mejor: incapaz de detener las masacres de los Balcanes (donde, en última instancia, fue la OTAN sin su consentimiento previo la que puso fin al genocidio de Milosevic), tampoco hizo nada por salvar a cientos de miles de africanos en los Grandes Lagos. Como tampoco ha sabido defender a los asediados en Darfur por el gobierno islámico de Sudán. La experiencia histórica no puede ser más  calamitosa. Nada de gobierno mundial, si acaso, desgobierno.

Las Naciones Unidas como generadora y garante de la Ley internacional no deja de ser otra falacia. Los embajadores que se sientan en el Consejo de Seguridad, por ejemplo, no llevan bajo el brazo densos tratados legales, sino las instrucciones de sus respectivas capitales y actúan y votan según los intereses nacionales de su gobierno en ese momento. Tanto si es justo como si no. Y a veces por razones que nada tienen que ver con lo que se está discutiendo. Por ejemplo, China rechaza la proliferación nuclear en Oriente Medio, pero se niega a condenar a Irán debido a sus lazos comerciales y su dependencia del petróleo iraní. El bolsillo pesa, y mucho, en las deliberaciones onusianas. Y no sólo entre sus miembros,  también en su burocracia, comenzando por el propio secretario general quien se ha visto sacudido en los últimos meses por el descubrimiento de que su hijo y otros allegados eran parte activa en la red de corrupción de Saddam Hussein, favoreciendo que éste se embolsara dinero del programa "petróleo por alimentos" y dejando sin medicamentos esenciales a miles de niños y heridos. Y es que a veces son las personas las primeras olvidadas en la ONU.

Nada más sangrante que la vigilancia del respeto entre sus miembros de los derechos básicos de la persona. Tanto es así que el propio secretario general ha apuntado la necesidad de reformar el comité de derechos humanos de la ONU que reúne en Ginebra a los más conocidos déspotas del mundo junto a un puñado de democracias liberales. El problema es que las reformas propuestas por Kofi Annan –el séptimo plan de su mandato sin que los anteriores se hayan cumplido- son abiertamente una estafa. Quiere que los miembros del comité sean elegidos por dos tercios de la Asamblea General, órgano donde las democracias son una minoría, y que el criterio de elección sea un vago compromiso con los derechos humanos. Se podría oponer toda una serie de criterios objetivos como que ningún miembro del mismo estuviera bajo sanciones de la propia ONU o que cumplieran con parámetros fáciles de medir, tales como prensa libre, poder judicial independiente y todas esas cosas de las que disfrutamos los occidentales. Pero dado que eso no está en la agenda del secretario general, lo mejor sería suprimir por completo el comité de derechos humanos y poner fin, así, a la farsa en la que se ha caído.

El otro tema sobre la mesa es la ampliación del Consejo de Seguridad, órgano esencial para la vida de la organización pero que refleja malamente el mundo de hoy. Fue creado en 1945 según las relaciones de poder de entonces (con gran generosidad de Estados Unidos) y pocos están satisfechos con su composición y vetos. Alemania quiere un sillón olvidándose de su galopante europeísmo. ¿No sería más lógico quitar los de Francia y el Reino Unido y sustituirlos con una plaza de la UE? Brasil e India también quieren hacer valer su peso regional y demográfico. Se habla de dejar que se sienten en el Consejo entre 10 y 15 miembros más. Una gran equivocación. Puede que el mapamundi esté así mejor representado, pero el Consejo no será más eficaz. Al contrario. Annan debería tomar el camino inverso. El mundo no se ha vuelto más multipolar en los últimos años, sino más unipolar, con unos Estados Unidos a gran distancia del resto, tanto en su poder como en el ejercicio de su responsabilidad internacional. En lugar de añadir votos habría que reducirlos y dejar el derecho de veto exclusivamente en manos de Norteamérica. Eso sí sería una estructura de poder más ajustada a la realidad mundial.

En fin, dicen que a Rodríguez Zapatero le añadieron en el avión camino de Nueva York, el año pasado, la propuesta sobre la Alianza de Civilizaciones, de la que desconocía sus antecedentes y desarrollos de la mano de Jatamí. Más vale que en esta ocasión se entere bien de a quién saluda, porque podría perfectamente salir salpicado de corrupción, torturas y sangre. Pues eso es lo que abunda entre los miembros y en la sede de Naciones Unidas.