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El Modelo Educativo Etarra

Por Narrador - 18 de Septiembre, 2005, 5:49, Categoría: ETA

Incalificable: Una presa vulneró derechos de su hija, según la Audiencia. La reclusa le impidió juntarse con otros niños en prisión, acudir a la guardería del centro e incluso recibir una alimentación correspondiente a su edad "para preservar su origen". Más de uno puede ir tomando nota de lo que le espera si algún día el delirio se convirtiese en realidad. La sirena que suena a las siete de la mañana en Corea de Norte para despertar a ‘la nación’ iba a ser una broma al lado de esto. Un detalle adicional: no hemos suprimido las informaciones de DEIA o GARA simplemente han ignorado esta salvajada de uno de ‘los suyos’ ¿Por qué será?

EL MUNDO

Sábado, 10 de septiembre de 2005

UNA ETARRA AISLÓ A SU HIJA EN PRISIÓN «PARA PRESERVAR SU LUGAR DE ORIGEN»

Manuel Marraco

MADRID.- La etarra Ainhoa Gutiérrez Santorcuato mantuvo a su hija A. en «aislamiento» durante el tiempo que permaneció en la cárcel de Granada con la intención de «preservar su lugar de origen».

Según se desprende de una resolución de la Audiencia Nacional, la miembro del comando Vizcaya impedía a su hija -menor de tres años- acudir a la guardería del centro, juntarse con otros niños e incluso recibir una alimentación correspondiente a su edad.

La reclusa presentó el año pasado una queja ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional alegando «que las condiciones de vida» de su hija en la prisión no eran acordes con los derechos fundamentales del niño, «menoscabando su derecho a la formación y desarrollo psíquico y físico».

El juez de Vigilancia Penitenciaria no sólo desestimó la queja, sino que ordenó informar «inmediatamente» a la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía acerca de la situación de la menor, para que adoptase «las medidas de control, inspección o tuitivas» que considerase convenientes.

La etarra, de 34 años, recurrió la decisión ante la Audiencia Nacional, que el pasado lunes no sólo confirmó la decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria, sino que aseguró en su auto que la madre ha sido «la única causante de la situación anómala que sufre su hija». El auto de la Sección Primera, del que ha sido ponente el magistrado Nicolás Poveda, califica de «anacrónico» el aislamiento al que estaba sometida la pequeña.

«Haciendo nuestros los contenidos de la Convención de los Derechos del Niño que se citan por parte de la recurrente, no procede otra resolución que la desestimación del recurso», señala el auto.

Traslado

La presa etarra pasó de la prisión de Granada a la de Soto del Real (Madrid). Desde diciembre de 2004 está internada en la de Valladolid, en la que no existe un módulo para madres. Según informa Europa Press, la niña vive actualmente con sus abuelos.

Ainhoa Gutiérrez fue detenida en la localidad francesa de Biarritz en diciembre de 2002 junto a su compañero sentimental y padre de la niña, Francisco Rodríguez Jaramillo, también miembro del comando Vizcaya en los años 90.

Ambos habían huido dos meses antes para eludir el cumplimiento de una condena de cinco años de prisión por colaboración con ETA, que había sido impuesta por la Audiencia Nacional.

EL PAIS

Sábado, 10 de septiembre de 2005

UNA PRESA VULNERÓ DERECHOS DE SU HIJA, SEGÚN LA AUDIENCIA

José Yoldi

La reclusa le impidió juntarse con otros niños en prisión "para preservar su lugar de origen"

Madrid - Una mujer condenada por terrorismo, antigua integrante del comando Vizcaya, vulneró los derechos fundamentales de su hija al no permitir que se juntase con otros niños en la prisión de Granada para preservar su lugar de origen. Así lo hace constar la Audiencia Nacional, que rechaza la queja presentada en julio de 2004 por la reclusa, que consideraba que las condiciones de vida de su hija no eran acordes con los derechos fundamentales del niño.

El problema se ha resuelto, ya que la mujer fue trasladada en diciembre a la prisión de Soto del Real (Madrid) y en la actualidad está internada en la de Valladolid, en la que no existe módulo de madres y su hija ya no está con ella en prisión.

La ley permite que las reclusas tengan a sus hijos en prisión con ellas hasta que cumplan tres años -ahora tiene cuatro-. Pero es opción de la madre el decidir si el bebé se queda con familiares o permanece con ella en el centro penitenciario. La mujer decidió que su hija estuviera con ella, ya que su compañero sentimental también se encuentra preso por terrorismo.

No obstante, la reclusa presentó una queja por las condiciones de vida de su hija, que fue rechazada por el juez central de vigilancia penitenciaria que, sin embargo, se dirigió a la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía para que adoptase medidas de inspección y control respecto de la menor.

La reclusa no se conformó y recurrió la decisión por entender que se estaba menoscabando el derecho de su hija a la formación y al desarrollo psíquico y físico.

Sin embargo, la Audiencia señala que "la situación de vida de la menor" es consecuencia de la actuación de su madre, quien de forma perjudicial, "aparece como la única causante de la situación anómala que sufre su hija". Por decisión materna, a la niña se le impide "juntarse con otros menores que habitan en el establecimiento, así como recibir la alimentación correspondiente a su edad, manteniendo a la misma en situación de aislamiento anacrónico absolutamente perjudicial para la menor (...) para preservar su lugar de origen".

ABC

Sábado, 10 de septiembre de 2005

LA RAZA QUE MECE LA CUNA

Una reclusa etarra impidió a su hija mezclarse con los hijos de otras internas «para preservar su origen». Un auto de la Audiencia Nacional, que considera tal conducta «vulneradora de los derechos del menor», ha permitido conocer este caso siniestro

MADRID. Nunca pudo jugar ni compartir sonrisas con los hijos de otras internas, ni acudir a la guardería del centro penitenciario a recibir su primera formación, ni recibir la alimentación propia de su edad. Corría el riesgo de «contaminarse» si entraba en contacto con otras criaturas de su edad. La raza, y no el amor o la compasión, meció su cuna. Su madre, una presa etarra, dictó esas normas.

La pequeña tenía necesariamente menos de tres años cuando ocurrieron los hechos que se relatan, ya que ésa es la edad límite para que un menor conviva con su progenitora en un centro penitenciario.

El rastro de una queja

Para hacer más sangrante el caso, la etarra presentó una queja ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional alegando que las condiciones de vida de su hija en la cárcel no eran acordes con los principios fundamentales que deben proteger a los menores, «menoscabando su derecho a la formación y desarrollo físico y psíquico» recogido en la Convención de los Derechos del Niño. Paradójicamente, el rastro de esa queja y el posterior auto de la Audiencia han permitido sacar a la luz pública el siniestro asunto.

Ainhoa Gutiérrez Santorcuato, como se llama esta «protectora» madre, era miembro del sanguinario «Comando Vizcaya» y fue dtenida el 12 de diciembre de 2002 en Biarritz junto a su novio y también pistolero Francisco Rodríguez Jaramillo. Estaba internada en la cárcel de Granada en 2004, cuando sucedieron los hechos juzgados. Más tarde fue trasladada a la de Soto de Real (Madrid) y, desde diciembre del pasado año, se encuentra en la de Valladolid, donde no existe unidad de madres. Su hija vive en la actualidad con sus abuelos.

Durante su estancia en la prisión de Granada, Gutiérrez Santorcuato presentó la citada queja. Fue desestimada por el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, que decidió comunicar el caso a la Consejería andaluza de Asuntos Sociales para que adoptara «las medidas de control, inspección o tuitivas que estime convenientes respecto de la menor». La etarra recurrió esa resolución, lo que provocó la intervención de la sección primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que, tras estudiar el caso, dictó un auto en el que confirma la decisión del juez de Vigilancia Penitenciaria y añade, además, la necesidad de comunicar el asunto a la Junta de Andalucía, ya que «la situación de vida de la menor obedece a la conducta observada por la propia recurrente». Según el tribunal, es ésta quien «aparece como la única causante de la situación anómala que sufre su hija, a la que se impide por decisión materna juntarse con otros menores que habitan en el establecimiento, así como recibir la alimentación correspondiente a su edad, manteniendo a la misma en una situación de aislamiento anacrónico absolutamente perjudicial para la menor».

Derechos vulnerados

El escrito concluye que «las razones que esgrime en orden a no permitir su presencia en guardería y demás elementos formativos, para preservar su lugar de origen, hacen considerar la conducta de la madre como vulneradora de los derechos del menor».

Aunque los hechos que se relatan son antiguos, los distintos recursos han llevado a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional a pronunciarse al respecto en este auto con fecha del pasado 5 de septiembre.

LA RAZON

Sábado, 10 de septiembre de 2005

UNA RECLUSA DE ETA AÍSLA A SU HIJA PARA QUE NO «CONTAMINEN» SU ORIGEN VASCO

R. N.

Madrid - La Audiencia Nacional ha censurado la conducta de una presa de ETA que sometió a una situación de «aislamiento anacrónico» a su hija menor en el centro penitenciario en el que ambas se encontraban con la excusa de «preservar su origen». La etarra, que cumplía condena en la prisión de Granada, impedía a la niña juntarse con los hijos de otras internas, no permitía que asistiera a la guardería del centro y rechazaba que recibiera «la alimentación correspondiente a su edad», conducta que el tribunal considera «vulneradora de los derechos del menor».

El caso se ha conocido después de que la reclusa presentara una queja ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional alegando que las condiciones de vida de su hija en la prisión no eran acordes con los derechos fundamentales del niño, «menoscabando su derecho a la formación psíquica y física». El juzgado no sólo desestimó la queja, sino que se dirigió a la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía para que adoptara «las medidas de control, inspección o tuitivas que estime convenientes respecto de la menor».

Auto de la Audiencia. La etarra recurrió esa resolución, y ha sido la sección Primera de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional la que, tras estudiar el caso, ha dictado un auto que señala que «la situación de vida de la menor obedece a la conducta observada por la propia recurrente». Según el tribunal, es ésta quien «aparece como la única causante de la situación anómala que sufre su hija, a la que se impide por decisión materna juntarse con otros menores que habitan en el establecimiento, así como recibir la alimentación correspondiente a su edad, manteniendo a la misma en una situación de aislamiento anacrónico absolutamente perjudicial para la menor».

El auto afirma que «las razones que esgrime en orden a no permitir su presencia en guardería y demás elementos formativos, para preservar su lugar de origen, permiten considerar tal conducta de su madre recurrente como vulneradora de los derechos del menor». Cuando sucedieron los hechos, la niña, que en la actualidad vive con sus abuelos, tenía menos de 3 años.

EL CORREO

Sábado, 10 de septiembre de 2005

UNA ETARRA AISLÓ A SU HIJA EN PRISIÓN «PARA PRESERVAR SU ORIGEN»

MADRID - La Audiencia Nacional ha censurado la conducta de una presa de ETA que sometió a una situación de «aislamiento anacrónico» a su hija, menor de 3 años cuando sucedieron los hechos, en el centro penitenciario en el que ambas se encontraban con la excusa de «preservar su origen». La etarra, Ainhoa Gutiérrez Santorcuato, que cumplía condena en la prisión de Granada y que desde diciembre de 2004 está en la de Valladolid tras pasar por Soto del Real, impedía a la niña, que en la actualidad vive con sus abuelos, juntarse con los hijos de otras internas. Tampoco le permitía que asistiera a la guardería del centro y rechazaba que recibiera «la alimentación correspondiente a su edad», conducta que el tribunal considera «vulneradora de los derechos del menor».

El caso se ha conocido después de que la reclusa presentara una queja ante el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria alegando que las condiciones de vida de su hija en la prisión no eran acordes con los derechos fundamentales del niño, «menoscabando su derecho a la formación y desarrollo psíquico y físico». El juez, que desestimó la queja, dictó que la situación de la menor obedecía «a la conducta de la propia recurrente», y solicitó la adopción de medidas a las autoridades andaluzas.