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Bush y Katrina

Por Sin Pancarta - 11 de Septiembre, 2005, 7:39, Categoría: Estados Unidos

No tenía pensado entrar en el tema del Katrina. Es una tragedia, un desastre natural que ha arrasado una parte de Estados Unidos como podía haber arrasado cualquier otro lugar. No era en principio una cuestión de política, más bien un tema de sucesos o a lo sumo si se prefiere de sociedad.

Pero en estos días he podido comprobar como esta catástrofe natural se ha convertido en el arma ideal contra George Bush. He escuchado en programas de radio a niños decir que el desastre se debía a que Estados Unidos se gastaba todo el dinero en la guerra (imagino que lo escuchan en sus casas o en las televisiones). No he leído nada sobre las responsabilidades de las autoridades locales y del estado, casualmente del partido demócrata que dicho sea de paso son los que más competencias tienen en la materia.

No se trata de negar lo obvio, la administración Bush ha tardado demasiado en reaccionar ante esta catástrofe, creo que no supieron cuantificar la magnitud del desastre. Ahora bien de ahí a afirmar que nos e ha ayudado a los ciudadanos porque eran negros y otras lindezas por estilo dista un abismo.

Nosotros trataremos de aportar como siempre una información veraz, con opiniones independientes y siempre plurales, mostrando todas las perspectivas y opiniones. Eso sí, lo que no leerán aquí es a intoxicadores que sólo pretenden engañar a la opinión pública en su propio beneficio. Para eso ya tiene EL PAIS o TELE 5.

THE WALL STREET JOURNAL

Miércoles, 7 de septiembre de 2005

BUSH Y KATRINA

Editorial

La Casa Blanca se está recuperando lentamente de sus errores de la primera semana en su respuesta al Katrina y el presidente George W. Bush efectuó el lunes su segundo viaje a Nueva Orleans. Su rápido ascenso de John Roberts a la presidencia del Tribunal Supremo es asimismo una bienvenida muestra de energía. Sin embargo, Bush no puede permitirse detenerse ahí, ya que las secuelas del Katrina suponen una amenaza para todo su segundo mandato.

Con esto, no nos referimos al tormentoso surgimiento de recriminaciones que achacan los problemas post-Katrina a todo, a Irak, a los recortes fiscales y a su negativa a respaldar el Protocolo de Kioto. La población estadounidense sabe que fue un desastre natural de proporciones excepcionales y no se dejará engañar por oportunismo político. Por la misma razón, tampoco tendrá mucha paciencia con las afirmaciones de la Casa Blanca de que los mayores incompetentes fueron los funcionarios locales y los de los estados afectados. Ahora bien, Lusiana necesita a alguien como Rudy Giuliani. Pero lo que los estadounidenses necesitan ahora es una prueba de que su Gobierno entiende la naturaleza del reto y de que está actuando convincentemente para afrontarlo.

En este respecto, Bush ha de reconocer el obvio fallo inicial del Departamento de Seguridad de la Patria en su primer prueba tras el 11 de septiembre. El presidente creó esta última enorme burocracia federal en contra de los consejos que le dimos muchos de nosotros y aún estamos esperando pruebas de que ha hecho algo más que cambiar los muebles de Beltway (sedel Departamento). Si la FEMA (Agencia para la Gestión de Emergencias) no puede ahora manejar la diáspora que sale de Nueva Orleans hacia Houston, Baton Rouge y otras ciudades, su merecido castigo político será duro.

En particular, el lío en Nueva Orleans sólo mejoró cuando intervino el Pentágono. Aunque la ley Posse Comitatus de 1878 prohíbe normalmente la participación del Ejército en labores de mantenimiento del orden público, entre los funcionarios defensa ha habido muchos pensamientos creativos sobre lo que pueden hacer y sobre lo que la ciudadanía espera ahora, tras el 1 de septiembre.

Bush también tendrá que guiar las opciones de reconstrucción de Nueva Orleans y del delta del Mississippi. Estos días se ha oído mucho sobre la necesidad de restaurar las barreras en los pantanales, a menudo por parte de las mismas personas que llevaban tiempo odiando al Cuerpo de Ingenieros del Ejército que ayudarían en su reconstrucción, pero está claro que esto es una cuestión sobre cuánto dinero federal se podrá inyectar en una ciudad que está por debajo del nivel de mar y que seguirá siendo vulnerable a otra tormenta de las categorías cuatro y cinco.

Bush deberá nombrar a una o más personas, de su Administración o de fuera, para que aporten ideas y eviten los impulsos de republicanos o liberales en el Congreso de inyectar dinero en todos los sitios. Una alternativa sería la de nombrar toda la zona afectada como área empresarial durante un periodo, de modo que se ofrezcan incentivos fiscales y exoneraciones regulatorias para estimular las reinversiones. Aunque hay un riesgo de exenciones fiscales para los casinos flotantes, mayor es el riesgo de que se gasten 20.000 millones de dólares únicamente en las prioridades de políticos locales.

Lo que nos conduce a la más amplia agenda de política interior de Bush. El presidente se ha negado, admirablemente, a renunciar en lo referente a la Seguridad Social, pero Katrina imposibilita la reforma a corto plazo. Ahora la prioridad más urgente es tomar medidas para mantener el crecimiento de la economía norteamericana. Las medidas reguladoras en las emisiones de fuel y en la Reserva Estratégica de Petróleo ya están siendo de utilidad en el suministro de gasolina y los choques de precios suponen una oportunidad para empujar al Congreso a eliminar sus obstáculos a que haya más perforaciones en busca de petróleo y de gas natural.

El liderazgo económico supone también instruir a los estadounidenses sobre los vínculos entre los recortes fiscales y la vitalidad económica necesaria para financiar tanto las ayudas por el Katrina como la guerra contra el terrorismo. Como era predecible, los recortes fiscales de Bush están siendo atacados por reducir los ingresos públicos y porque no suponen un “sacrificio” en tiempos de guerra. Pero la verdad es que los ingresos federales están aumentando este año en 262.000 millones de dólares, aproximadamente el 14%, gracias al crecimiento que siguió al recorte de 2003. Los republicanos han estado demasiado a la defensiva en cuanto a las reducciones fiscales y Katrina supone una oportunidad para explicar su necesidad y para hacerlas permanentes.

Lo que está realmente en juego en los meses venideros es la afirmación republicana de ser un partido de gobierno. Esa afirmación se ha basado en parte en la aseveración de que un gobierno enérgico no ha de ser también un gobierno grande. La negativa de Bush a controlar el gasto desenfrenado de un Congreso mayoritariamente republicano ya ha socavado la primera, mientras Katrina está forzando al máximo la credibilidad de la segunda. Los demócratas se pasarán en próximo año afirmando que al menos gastarán dinero de los impuestos en diques en Nueva Orleans, más que en puentes en Alaska que no conducen a ningún lugar.

Como lo están demostrando los sondeos iniciales, la mayoría de los estadounidenses no están culpando ahora a Bush de las secuelas del Katrina, pero con la guerra en Irak y contra el terrorismo, los precios de la energía en aumento y ahora un desastre natural, estos son tiempos de nervios. Los votantes perdonarán muchos errores al presidente, pero ningún líder puede sobrevivir si la población piensa de él que es inseguro y rehén de los acontecimientos. Durante algún tiempo pensábamos que la reticencia de Bush le estaba perjudicando en Irak y que necesitaba ser más visible y más enérgico en presentar sus argumentos ante los estadounidenses. Tras el Katrina, diríamos que es imperativo.