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Visiones de la División Socialista a causa del 'Estatuto'

Por Narrador - 7 de Septiembre, 2005, 7:36, Categoría: Estatuto Catalán

En el mundo fantástico del Grupo PRISA señala EL PAÍS que los socialistas tratan de reforzar su cohesión interna, especialmente en materia de reformas territoriales, con vistas a las importantes citas políticas con que arranca el curso: las inminentes entrevistas de Zapatero con Rajoy y con Ibarretxe y la conferencia de presidentes autonómicos que se celebrará el próximo sábado; y con vistas también a la votación en el Parlamento catalán del proyecto del nuevo Estatuto tras conocerse que el dictamen del Consejo Consultivo, que se hará público mañana, aprecia en el texto importantes motivos de inconstitucionalidad. En las reuniones de su comité federal y su consejo territorial los socialistas catalanes, Maragall incluido, se esforzaron en tranquilizar a los otros barones, recordando que habían sido ellos los que se opusieron a las pretensiones de CiU y Esquerra de introducir conceptos y planteamientos que desbordaban el marco constitucional. Y mostraron su acuerdo con los planteamientos que previamente había expresado Zapatero respecto a la reforma estatutaria. El anteproyecto de Estatuto deberá ser retocado, atendiendo a las indicaciones del Consejo Consultivo en lo relativo a la financiación. EL MUNDO reflexiona en su editorial sobre el intenso debate celebrado en el Comité Federal del PSOE que estuvo centrado en la reforma del Estatuto catalán. El secretario general del partido y presidente del Gobierno fijó posiciones de forma inusualmente rotunda, consciente de que el asunto se le ha escapado de las manos a su amigo Maragall y amenaza con empañar la gestión del Gobierno en el resto de las cuestiones, como advirtieron ayer algunos de los dirigentes que pidieron la palabra ante el máximo órgano del partido entre congresos. El debate del Comité Federal es una foto ajustada de la opinión de la mayoría del PSOE acerca del disparatado debate propiciado por Maragall. El presidente del Gobierno parece dispuesto a poner orden, a juzgar por su intervención de ayer. Si bien, cree este rotativo que Zapatero es el principal responsable de lo que está pasando, al haber dado alas al debate y no poner inconveniente a que Cataluña se defina como "nación". Tampoco le saldrá gratis la propuesta de subir los impuestos del alcohol, el tabaco, la gasolina y hasta la luz para financiar el déficit de la Sanidad. Por ello, Zapatero quiso poner un paño caliente que no estaba previsto, al anunciar que presentará antes de final de año una reforma del IRPF para reducir los impuestos a "los trabajadores y las clases bajas". Mal asunto es gobernar a golpe de coyuntura.

EL PAIS

Domingo, 4 de de septiembre de 2005 

MARAGALL TRANQUILIZA

Editorial

Los socialistas tratan de reforzar su cohesión interna, especialmente en materia de reformas territoriales, con vistas a las importantes citas políticas con que arranca el curso: las inminentes entrevistas de Zapatero con Rajoy y con Ibarretxe y la conferencia de presidentes autonómicos que se celebrará el próximo sábado; y con vistas, también, a la votación en el Parlamento catalán del proyecto de nuevo Estatuto tras conocerse que el dictamen del Consejo Consultivo, que se hará público mañana, aprecia en el texto importantes motivos de inconstitucionalidad.

En las reuniones de su comité federal y su consejo territorial, celebradas ayer, los socialistas catalanes, Maragall incluido, se esforzaron en tranquilizar a los otros barones recordando que habían sido ellos los que se opusieron a las pretensiones de CiU y Esquerra de introducir conceptos y planteamientos que desbordaban el marco constitucional. Y mostraron su acuerdo con los planteamientos que previamente había expresado Zapatero respecto a las reformas estatutarias. A las condiciones de consenso y respeto del marco constitucional, el presidente del Gobierno añadió una tercera que viene a ser un desarrollo de lo que en la Declaración de Santillana (agosto de 2003) se denominaba "congruencia con nuestro propio proyecto político": solidaridad entre españoles, igualdad de derechos y libertades y de prestaciones sociales básicas, unidad de mercado y leal cooperación.

Para cumplir esos requisitos, el anteproyecto de Estatuto deberá ser retocado, atendiendo como mínimo a las indicaciones del Consejo Consultivo, en particular en lo relativo a la financiación. El gallego Pérez Touriño, que gobierna una comunidad que necesita de la solidaridad de comunidades más ricas y que lo hace en coalición con un partido nacionalista, se presentó como defensor de un equilibrio entre el reconocimiento de la identidad propia y un Estado que garantice la cohesión y la igualdad social. Las inquietudes expresadas, sobre todo por la corriente guerrista, en los últimos meses hacen referencia al riesgo de un vaciamiento competencial y de recursos del Estado que le impediría asumir su responsabilidad como garante de esa cohesión e igualdad de derechos.

El debate sirvió también para matizar la propuesta del Gobierno sobre financiación de la Sanidad. No se trata de subir los impuestos, incluso se propone bajar las tarifas del IRPF, sino de avanzar en la descentralización de los ingresos, de acuerdo con la del gasto. El problema es que tratándose de una iniciativa del Gobierno central, es éste quien carga con la impopularidad de eventuales recargos en el recibo de la luz o la gasolina, aunque lo cobren las autonomías. Y eso explica el cauteloso paso atrás percibido en las declaraciones de la vicepresidenta, el viernes, y de Zapatero, ayer.

EL MUNDO

Domingo, 4 de de septiembre de 2005 

¿SERA CAPAZ ZAPATERO DE PARAR DE VERDAD A MARAGALL?

Editorial

La reforma del Estatuto catalán centró ayer el intenso debate celebrado en el Comité Federal del PSOE. El secretario general del partido y presidente del Gobierno fijó posiciones de forma inusualmente rotunda, consciente de que el asunto se le ha escapado de las manos a su amigo Maragall y amenaza con empañar la gestión del Gobierno en el resto de las cuestiones, como advirtieron ayer algunos de los dirigentes que pidieron la palabra ante el máximo órgano del partido entre congresos.

Zapatero advirtió al PSC que las reformas de los estatutos tienen que adecuarse a la Constitución y a la solidaridad entre los españoles y que no tolerará «inmovilismos ni aventuras egoístas e insolidarias». Aunque el líder socialista añadió que esta advertencia vale igual para el PSOE que para el PSC, todo el mundo apreció en las palabras de Zapatero un serio toque de atención a los socialistas catalanes. El cansancio y el malestar que la actuación del PSC está causando en el seno del PSOE quedó claro ayer en las intervenciones de los representantes de las federaciones andaluza, extremeña, castellano-manchega y madrileña. Barreda se opuso a que Cataluña pueda definirse como «nación», los dirigentes madrileños reprocharon al ministro Montilla que mandara callar al secretario de Organización, José Blanco, y el representante de Rodríguez Ibarra consideró un «grave error político» que se sustituyan los derechos ciudadanos por la «jerga de las identidades y de los territorios».

El debate del Comité Federal es una foto ajustada de la opinión de la mayoría del PSOE acerca del disparatado debate propiciado por Maragall. El presidente del Gobierno parece dispuesto a poner orden, a juzgar por su intervención de ayer. Si bien Zapatero es el principal responsable de lo que está pasando, al haber dado alas al debate y no poner inconveniente a que Cataluña se defina como «nación». Y nunca se arrepentirá lo bastante del error que cometió al decir, en la campaña electoral, que el Gobierno aceptaría el texto que aprobara el Parlamento catalán siempre que fuera constitucional y consensuado, aunque sin añadir referencia alguna a la solidaridad. El presidente le dio hilo a la cometa de Maragall y ahora le quiere arrebatar el juguete, lo cual no le saldrá gratis, puesto que afectará a las relaciones entre los socialistas catalanes y la dirección del PSOE.

Tampoco le saldrá gratis la propuesta de subir los impuestos del alcohol, el tabaco, la gasolina y hasta la luz para financiar el déficit de la Sanidad. La tesis expuesta por el presidente de que «disuadir del consumo del alcohol y el tabaco es de izquierdas» más parece un chiste que otra cosa. Una improvisación ciertamente graciosa tal vez motivada por el impacto político negativo que ha tenido la iniciativa del Gobierno ante la opinión pública. Por ello, Zapatero quiso poner un paño caliente que no estaba previsto, al anunciar que presentará antes de final de año una reforma del IRPF para reducir los impuestos a «los trabajadores y las clases bajas». Mal asunto es gobernar a golpe de coyuntura.

ABC

Domingo, 4 de de septiembre de 2005 

HUMO

Editorial

Según Zapatero, bajar impuestos a las rentas del trabajo es de izquierdas (este Gobierno, por ahora, debe de ser de derechas). También es de izquierdas, según Zapatero, subir los impuestos del alcohol y del tabaco, porque lo que se pretende es disuadir el consumo. Demos por bueno el eufemismo y aceptemos que la intención última del Ejecutivo es financiar la Sanidad disuadiendo, que es gerundio. O sea, que todas las medidas expuestas por Pedro Solbes no eran más que un plan de choque contra el tabaquismo y el alcoholismo, pero no nos habíamos dado cuenta. Muy de agradecer, pero la pregunta es la siguiente: ¿y el déficit sanitario? Decíamos ayer, aquí mismo, que al final el plan del Gobierno no sería más que «una mera reflexión». Nos equivocamos. Según dijo ayer Zapatero, «sólo era una propuesta». Un matiz importante. Lo del IRPF, sin embargo, es un compromiso recidivo, que ahora brota de nuevo para compensar el patinazo sanitario. El presidente del Gobierno sitúa antes de fin de año el momento de la presentación de un nuevo modelo sobre el impuesto sobre la renta, ése al que Solbes viene dando largas y que es como el parto fiscal de los montes. ¿Más humo?

DEIA

Domingo, 4 de de septiembre de 2005

Zapatero y las autonomías 

Editorial

La intervención del Presidente español Rodríguez Zapatero ante el Comité Federal de su partido, estableciendo la posición oficial de los socialistas, «de todos los socialistas», según recalcó, sitúa el debate sobre la reforma estatutaria en sus justos términos en vísperas de la fase resolutiva, según definición de moda, en la que va a entrar la discusión sobre la reforma del Estatut en Cataluña. Afirmó Zapatero ante la dirección de su partido que no caben ni inmovilismos ni aventuras egoístas e insolidarias en el proceso de reforma estatutaria planteado en Cataluña, aunque el aserto sirve igual para responder a las inquietudes vascas. Traducido al lenguaje llano, quiere decir que Zapatero, comisionado por su formación para gestionar todo lo relativo al asunto, admitirá reformas siempre y cuando no excedan los límites de la Constitución.

Ni inmovilismo ni aventuras egoístas. Es decir, cualquier reivindicación del reconocimiento identitario como nación o cualquier apelación al derecho a decidir, es una aventura egoísta e insolidaria. Pero poner como techo la Constitución aprobada hace casi treinta años, en las condiciones sociopolíticas reinantes entonces, y sacralizada ahora hasta extremos inauditos, no es inmovilismo sino respeto a la legalidad. En esas estamos. El discurso del presidente del Gobierno español no es precisamente esperanzador para quienes aspiran a establecer un nuevo marco de relaciones con el Estado, y mucho menos lo es el de Pasqual Maragall, presentando al PSC ante el Comité Federal del PSOE como garante de que el Estatut catalán no traspasará los límites de la Constitución, tal y como exige su jefe de filas. Algo tendrá que decir al respecto ERC. En cuanto a Euskadi, Zapatero ve el momento político, según sus propias palabras, como abierto a una situación nueva y llegado el tiempo de la paz y el entendimiento para que los ciudadanos vascos decidan su futuro dentro del actual marco legal del sistema constitucional. Lo que traducido quiere decir que los vascos somos muy libres de decidir mientras que no decidamos que queremos superar los límites constitucionales. Para tener una idea más precisa de lo acordado ayer en la cúpula del PSOE y de cuál será su postura en el debate, baste señalar que el presidente extremeño Rodríguez Ibarra salió encantado de la reunión.