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La Farsa de Civilizaciones ya Tiene Sabios

Por Narrador - 7 de Septiembre, 2005, 6:56, Categoría: Alianza de Civilizaciones

La Farsa de Civilizaciones ya va tomando forma. Mientras Annan (también conocido como kakofi) se encuentra sumergido en el escándalo de las multimillonarias comisiones del programa ‘Petróleo por Palacios’, en un hueco libre a modo de pasatiempo ha nombrado el ‘Grupo de Alto Nivel’ del invento zapatero de la ‘Alianza de Civilizaciones’. Sólo con leer la lista de estos sujetos ya sabemos lo que se puede esperar: Un absolutamente nada que además tendrá un coste elevadísimo. Lean los nombres de los elegidos y asómbrense.

ABC

Domingo, 4 de de septiembre de 2005 

LOS «ALIADOS» DEL DIÁLOGO

Ivan Villar

El ex presidente iraní, Mohamed Jatami, y un ex ministro del general indonesio Suharto formarán parte del Grupo de Alto Nivel nombrado por la ONU para sentar las bases de la Alianza de Civilizaciones tantas veces reclamada por Zapatero

MADRID. Del enriquecimiento de uranio a la Alianza de Civilizaciones solo hay un paso. O una firma. La que ha trazado el secretario general de las Naciones Unidas para rubricar la inclusión del ex presidente iraní Mohamed Jatami dentro de la lista de 18 personas que conformarán el Grupo de Alto Nivel encargado de promover la ambiciosa alianza inter-culturas de José Luis Rodríguez Zapatero.

Kofi Annan ha presentado la composición del grupo de sabios que guiará los primeros pasos de la Alianza, que echará a andar en noviembre en algún lugar de Baleares. La selección, realizada según la ONU después de «extensas consultas» con «especialistas en el campo de las relaciones entre civilizaciones e interculturales», contó con el asesoramiento del ex jefe del Gabinete de Annan, Iqbal Riza, quien en diciembre dimitió de su anterior cargo, involucrado en el escándalo de corrupción relacionado con el programa «Petróleo por Alimentos» para Irak.

El Grupo de Alto Nivel, copresidido por Mayor Zaragoza y el turco Mehmet Aydin, incluye personalidades de la cultura y la religión, así como políticos más o menos próximos a la órbita del Gobierno socialista y a su política exterior, criticada por su distanciamiento de Estados Unidos y su cercanía a dirigentes como Castro o Hugo Chávez. Esta suerte de nuevo «no alineamiento» coincide con algunos de los países representados en la Alianza, como es el caso de Irán.

Federico Mayor Zaragoza. Ex ministro de Educación de Calvo Sotelo, en 1987 fue elegido director general de la Unesco con el apoyo de Felipe González. En su mandato, priorizó las iniciativas procedentes del Tercer Mundo frente a las de Occidente. En 1999 dejó la Unesco y creó la Fundación Cultura de Paz, que promueve una agenda similar a la que se propone para la Alianza de Civilizaciones. Distinguido por el Gobierno vasco con el Premio Sabino Arana.

Mehmet Aydin. Profesor de Teología y ministro de Estado turco, responsable de la Dirección de Asuntos Religiosos. Integra los trabajos de adhesión de la república turca a la Unión Europea.

Mohamed Jatami. Ex presidente de Irán, en 1997 propuso ante la ONU la creación de un Diálogo de Civilizaciones. En su última visita a España, en la que impuso el cumplimiento del protocolo iraní, evitó dar la mano a la Reina por ser mujer. Su intento de moderar el régimen en su país fracasó con el triunfo en las pasadas elecciones del integrista Mahmud Ahmadineyad.

André Azoulay. Fue consejero real de Hassan II y continúa en el cargo tras la subida al trono de Mohamed VI. Claramente aperturista, es una de las personas más influyentes del régimen de Marruecos. Profesa el judaísmo.

Enrique Iglesias. Asturiano nacionalizado uruguayo, ha estado al frente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante dieciséis años. Desde este año desempeñará el cargo de Secretario General Iberoamericano, un puesto de nueva creación y sin apenas influencia que comenzará a funcionar en octubre en la Cumbre de Salamanca.

Desmond Tutu. Arzobispo surafricano y Premio Nobel de la Paz en 1984. Tras el final del «apartheid», no parece haber mostrado mayor preocupación por las desigualdades sociales de su país. Ha presidido la Conferencia de Iglesias africana y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica.

Nafis Sadikin. Nacida en la India y con nacionalidad paquistaní, es una mujer de confianza de Kofi Annan que ha estado al frente de varias misiones de carácter humanitario de la ONU. Es especialista en temas relacionados con la salud infantil y la planificación familiar.

Ismael Seragledin. Fue vicepresidente del Banco Mundial desde 1992 hasta 2000 y actualmente dirige la biblioteca de Alejandría.

Hubert Vedrine. Ex ministro de Asuntos Exteriores francés durante el Gobierno de Lionel Jospin. Preside el Instituto François Miterrand.

Alí Alatas. Ex ministro indonesio de Exteriores, estuvo durante diez años en el gabinete del general Suharto. Actualmente colabora con la ONU como enviado especial a Birmania.

Vitaly Naumkim. Presidente del Centro internacional de estudios políticos y estratégicos de Moscú.

Mustafá Niasse. Ex primer ministro de Asuntos Exteriores de Senegal (destituido tras seis meses en el cargo) y enviado especial de la ONU para la República Democrática del Congo.

Karen Armstrong. Ha escrito varios libros sobre el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Sheija Mozah. Esposa del emir de Qatar. Presidenta del Consejo Supremo qatarí para asuntos de familia.

John Esposito. Profesor de religión y política exterior y de estudios islámicos en la Universidad de Georgetown.

Mohamed Charfin. Ex ministro tunecino de Educación e Investigación Científica.

Shobhana Bhartian. Miembro del Comité Ejecutivo de la Indian Newspaper Society.

Arthur Schneier. Licenciado en Teología, es conocido por sus trabajos a favor de la libertad religiosa y los Derechos Humanos.

ABC

Domingo, 4 de de septiembre de 2005 

MADRID ACOGERÁ UNA JORNADA DE DEBATE EN OCTUBRE

MADRID. Un mes antes de que se celebre la primera reunión del Grupo de Alto Nivel, Madrid acogerá un encuentro internacional sobre el «diálogo entre culturas» en el que participarán varias personalidades del mundo político. En esta reunión está prevista la asistencia del ex presidente del Gobierno Felipe González, el sociólogo francés Edgar Morin y la eurodiputada Emma Bonino, entre otros.

El encuentro, que tendrá lugar el 28 de octubre, se desarrollará en tres sesiones que girarán en torno a los temas «Religiones y Gobiernos», «Interculturalidad y Desarrollo» y «La Educación como Respuesta». La jornada será clausurada por José Luis Rodríguez Zapatero.

La organización corre a cargo de la Fundación Atman para el Diálogo entre Civilizaciones, en cuyos órganos de gobierno están el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, y su esposa, Teresa Aranda.

ABC

Domingo, 4 de de septiembre de 2005

LOS SABIOS DE LA ALIANZA

Editorial

El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, ha designado a los integrantes del denominado Grupo de Alto Nivel que se encargará de estudiar la Alianza de Civilizaciones propuesta hace un año, ante la Asamblea General de la ONU, por José Luis Rodríguez Zapatero y copatrocinada por Turquía, ese país que quiere aliarse con Europa y, por ahora, no puede. Annan pone así en marcha un método habitual de trabajo en Naciones Unidas, consistente en reunir a personalidades mundiales para que debatan sobre un tema y ofrezcan luego sus conclusiones, normalmente rodeadas de las más entusiastas unanimidades, aunque sus consecuencias prácticas sean más bien escasas. De hecho, el Grupo creado por Annan va a tratar un asunto recurrente, porque la relación entre civilizaciones ya fue largamente tratada por la ONU entre 1998 y 2001, con motivo de una propuesta realizada por el entonces presidente del Gobierno de Irán, Mohamed Jatamí. De hecho, la idea de Jatamí se tradujo en la declaración de 2001 como el año del Diálogo entre Civilizaciones y, tras amplios y sesudos debates, el propio Jatamí presentó ante la Asamblea de Naciones Unidas, en septiembre de 2001 -mientras aún humeaban los restos de las Torres Gemelas abatidas por Al Qaida-, el «Proyecto de programa mundial para el diálogo entre civilizaciones». Basta leer este documento -o la anterior «Declaración sobre una Cultura de Paz», de 1999- para comprobar que recoge el mismo planteamiento que Rodríguez Zapatero expuso ante la Asamblea General de la ONU hace un año. Si el terrorismo islamista no fue sensible al diálogo -11-S, 11-M y 7-J-, menos lo será a la Alianza.

La habitual falta de sentido crítico hacia las iniciativas de la ONU y el rigor de lo políticamente correcto han camuflado la inconsistencia de la Alianza de Civilizaciones defendida por Rodríguez Zapatero, quien, quizá desconocedor del antecedente de 2001, pero muy perspicaz en la eficacia de las buenas palabras, elevó la puja, pasando del diálogo a la Alianza, pese a que los resultados de la iniciativa que Jatamí lanzó en 1998 brillan por su ausencia. Por otro lado, es comprensible que Annan, afectado por la ineficacia de la institución que representa e indirectamente por el fraude generalizado en el Programa «Petróleo por Alimentos», apoye iniciativas que le justifiquen, aunque no conste que se haya encargado de velar por el cumplimiento del «Programa mundial para el Diálogo entre Civilizaciones», según el mandato que le dio la Asamblea General. Si lo hubiera hecho, quizá habría evitado esta innecesaria duplicación de debates, reuniones y gastos, que, además, ya ha demostrado su ineficacia. Por eso, no es extraño que los defensores de la propuesta de Rodríguez Zapatero exhiban como sello de garantía el protocolario y sutil reconocimiento que le hizo Tony Blair, aunque sea paradójico que celebren tanto el apoyo de un gobernante que, a ojos del progresismo, representa la antítesis de los principios de esta Alianza.

Aun así, el Grupo de Alto Nivel ya está creado y su composición no augura grandes resultados, por el sesgo general de sus componentes. Para España, es una buena noticia que Mayor Zaragoza sea el presidente de este Grupo, porque, además de su experiencia como director de la Unesco, podrá aportar el conocimiento personal de lo difícil que es el diálogo con los violentos y los perjuicios sociales que causa una educación sectaria, pues también fue responsable de poner en marcha el Observatorio de Derechos Humanos del Gobierno vasco. No en vano, Mayor Zaragoza recibió en 2000 el Premio Sabino Arana, otro conocido defensor del diálogo entre pueblos. La presencia de Jatamí en el Grupo de Alto Nivel resulta igualmente significativa, pues aun cuando su condición de «moderado» -siempre en términos relativos- le afama, siempre defendió la nuclearización de su país y sigue representando una actitud abiertamente hostil a Israel y Estados Unidos.

El propio Rodríguez Zapatero tuvo un rapto de sinceridad cuando reconoció ante la Liga Árabe, en marzo pasado, que su propuesta de Alianza de Civilizaciones no era novedosa. En efecto, no sólo no lo es, sino que viene amortizada por los antecedentes de Naciones Unidas que demuestran que la alianza posible y necesaria no es entre civilizaciones, sino entre quienes quieren y buscan la paz, la libertad y la democracia.

EL CORREO

Domingo, 4 de de septiembre de 2005

ALIANZA... ¿DE QUÉ?

Fernando Savater

Desde que el presidente Rodríguez Zapatero lanzó el lema de una 'alianza de civilizaciones' como antídoto contra el 'choque de civilizaciones' -la cristiana occidental frente a la islámica- de que habló en su conocido libro Samuel Huntington, hemos escuchado loas y descalificaciones igualmente hiperbólicas de esta propuesta seguramente amable pero poco concreta. Como parece que el próximo otoño (y bajo el auspicio nada menos que del secretario general de la ONU) van a realizarse seminarios sobre la cuestión, no vendría mal previamente intentar desbrozar el campo de debate para hacerlo más fructífero. Claro está que 'sin acritud', como recomendaría sin duda el ex presidente Felipe González.

Para comenzar, una precisión terminológica por pedante que resulte. Uno puede emplear las palabras en sentido figurado y hablar de 'fatiga del metal' a sabiendas de lo poco propicios que son los metales a cansarse o en un sentido lato hasta la ofensa, como cuando se explica la 'filosofía' que siguen determinados grandes almacenes respecto a sus clientes. De modo que el profesor Huntington y en su traza el presidente Zapatero tienen derecho a llamar 'civilización' a lo que les apetezca. Ahora bien, según el uso más habitual en los estudios socioculturales, lo que en cada época se denomina civilización es el conjunto de soluciones técnicas universalmente reconocidas como más eficaces ante los problemas y necesidades humanas. De modo que civilización, como madre, no hay más que una.

Según esta acepción del término, es evidente que Bush y Osama Bin Laden comparten la misma civilización: utilizan idénticos proyectiles y explosivos para destruir a sus adversarios, prefieren la televisión a la telepatía para hacer llegar sus amenazas al populacho asombrado y cuando padecen una enfermedad grave recurren a similares medios terapéuticos. Me atrevo a suponer que ambos consideran en general las líneas aéreas como un sistema de transporte más rápido y fiable que la carreta tirada por bueyes. Unos y otros, con entusiasmo o renuencia, vivimos o aspiramos a vivir en la civilización industrial avanzada, la cual actúa para todos como el destino para los estoicos: 'volentem ducunt, nolemten trahunt'. Es decir, que guía a quienes la aceptan y arrastra a los que se le oponen .

Pero no hay que convertir las palabras en fetiches. Digamos, para seguir adelante, que no estamos hablando de choque o alianza entre civilizaciones, sino de choque o alianza entre 'culturas'. Porque son en efecto éstas las orientaciones e interpretaciones simbólicas que determinan en cada comunidad lo que pretende conseguirse con el instrumental civilizado de que disponemos actualmente. Por supuesto, entre la civilización y las culturas que la aplican hay numerosas interrelaciones o desencuentros, cuya complejidad rebasa las posibilidades de esta breve nota y los conocimientos de quien culpablemente la escribe. Baste decir que no todas las culturas son iguales, es decir, que no todas encaminan con la misma eficacia los medios de la civilización para armonizar los anhelos humanos de libertad personal, homogeneidad colectiva, desarrollo económico, participación igual en la toma de decisiones políticas, progreso científico y educativo, justicia social, etcétera.

Cada una de las culturas no representa una identidad eterna, platónica, sino un conjunto de esfuerzos concretos y tentativas a veces equivocadas de ciertos seres humanos para obtener una vida mejor. Como ha escrito Thomas Sowell, autor de una importante trilogía sobre la relación de las culturas con la raza, las migraciones y la conquistas: «Las culturas no existen simplemente como 'diferencias' estáticas que haya que celebrar, sino que compiten entre sí como formas mejores y peores de conseguir hacer las cosas, mejores y peores no desde el punto de vista de algún observador, sino desde el de las propias personas en sus afanes entre las descarnadas realidades de la vida». Decir que todas las culturas son igualmente respetables equivale a afirmar que da lo mismo cruzar un río por un puente que en balsa o andando por el fondo con una piedra pesada en los brazos

Los humanos no estamos obligados a venerar ciegamente nuestra identidad cultural (hasta hace no mucho, nuestra cultura europea incluía rasgos distintivos como la esclavitud, la persecución religiosa, las monarquías de derecho divino, el racismo colonial y cosas por el estilo) ni tampoco la de los demás. En todas se hallan rasgos interesantes que podemos aprovechar y elementos rechazables que cuanto antes se superen, mejor. No son conjuntos cerrados, que hay que elegir o repudiar en bloque, sino menús variopintos, en los que junto a recetas sabrosas abunda también lo indigesto y hasta lo venenoso. Si en la Humanidad se ha dado cierto progreso, se debe a que los hombres no hemos respetado nuestras culturas y de vez en cuando nos hemos atrevido a apartar las vacas sagradas de nuestro camino. Precisamente este rasgo de rebeldía razonada contra la tradición es lo más característico del espíritu europeo y sería una auténtica traición que renunciásemos a él por miramientos multiculturales mal comprendidos o por llevarnos bien con quienes más amenazan nuestras instituciones democráticas. Esto es válido sobre todo dentro de nuestros países, pero también fuera de ellos, en el terreno internacional. Desde luego, no es cosa de ir por el mundo imponiendo nuestras preferencias a cañonazos, pero no resulta absurdo tratar de fomentar en otras partes del mundo lo que consideramos valores que mejoran la convivencia social. Contraejemplos: ¿Es decente fingir respeto por razones comerciales ante la autocracia china como perteneciente a su 'identidad cultural', cuando el comunismo es un invento tan occidental como la democracia, aunque mucho más reciente y nefasto? O, también, ¿es admisible declarar luto nacional en España por la muerte de un sátrapa repulsivo como el rey saudí Fahd, representante del régimen político y social más detestable que conocemos hoy, sólo porque fuese patrono de timbas y burdeles en alguna de nuestras localidades costeras peor afamadas?

Sin duda es prudente que los países soberanos firmen entre sí tratados de paz y cooperación, o por lo menos de no agresión. Y que aspiren a verse unidos por leyes internacionales para favorecer en todas las latitudes el desarrollo, el comercio sin imposiciones abusivas, la justicia internacional, el respeto al medio ambiente, la protección de la infancia, la lucha contra el hambre, la educación laica y científica para todos, la erradicación de la guerra y la pena de muerte, etcétera. También por supuesto para combatir el terrorismo y para desmotivar la xenofobia. Pero, aparte de estas instituciones supranacionales, ¿qué otra alianza puede haber entre las culturas? ¿Vamos a asumir que lo que es tiranía o abuso de unos, sean de Riad o Washington, tengamos que aceptarlo los demás como el precio necesario para evitarnos conflictos? El debate entre las formas de vida en común y su interrelación crítica debe continuar abierto, porque nos va el futuro en ello. Son las personas con ideas y razones las que deben aliarse en todas partes, sean cuales fueren sus discutibles culturas de origen, para mejorar los usos de la civilización que comparten. En cuanto al juicio histórico sobre ella y su devenir, dejémoslo a los Arnold Toynbee del mañana, que no faltarán.