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Recordando la Tragedia de Beslán

Por El Observador - 3 de Septiembre, 2005, 7:09, Categoría: Terrorismo

Ayer recordábamos la tragedia de Beslán, un terrible atentado terrorista que cumple su primer aniversario con demasiadas incógnitas sin aclarar. Nos quejábamos de la escasa cobertura mediática de este salvaje suceso que produjo 331 muertos. Hoy se les ha recordado en Rusia y la cobertura mediática ha aumentado incluyendo un artículo en ABC del embajador ruso en España. Desde aquí no olvidaremos a las victimas, ni a nuestros compatriotas ni los demás ciudadanos caídos por la libertad.

ABC

Viernes, 2 de de septiembre de 2005

AMARGAS LECCIONES

Alexander I. Kuznetsov (Embajador de la Federación de Rusia en España)

Ha transcurrido un año desde aquellos dramáticos días (del 1 al 3 de septiembre de 2004) cuando un comando terrorista checheno perpetró una masacre que costó la vida a más de 300 personas, en su mayoría niños. Las heridas -físicas, emocionales y también políticas- de la tragedia de Beslán están todavía muy lejos de cicatrizar. Continúa aún el juicio contra el único terrorista que fue apresado con vida durante el enfrentamiento de las fuerzas del orden público con los bandidos. Tampoco han finalizado las investigaciones parlamentaria y policial.

El drama de Beslán nos ha deparado varias lecciones muy amargas, de las que tenemos que aprender todos. En primer lugar, han fracasado terminantemente los intentos de presentar a los terroristas como «rebeldes» o «luchadores por la independencia de Chechenia». Con el extremismo no debe haber ni equivocaciones, ni dobles criterios. No existen terroristas «buenos» y «malos». Un individuo que hace estallar bombas, dando muerte a niños, mujeres y ancianos no merece otro calificativo, sino terrorista a secas.

Otra lección: el terrorismo no tiene fronteras. Su «geografía» viene ampliándose y el terror va dirigido contra la población civil más vulnerable e inofensiva. Lo hemos visto no sólo en Beslán, sino también en Nueva York, Bali, Casablanca, Madrid, Sharm el-Sheij y Londres. Tanto en Beslán como en Madrid los terroristas buscaban causar el mayor número posible de víctimas. Sin detenerse ante ningún precepto moral o religioso. De esta brutal manera querían sembrar pánico y odio, atizar recelos confesionales. Han demostrado su total desdén por los valores del Islam, tal como nosotros, los rusos, lo conocemos y respetamos desde hace siglos. De nuevo ha quedado patente que no se puede identificar a los terroristas con esta religión. También es verdad que el mundo islámico debe alzar su voz de condena contra aquellos que se escudan en el Islam para justificar sus atrocidades. Solo así juntos podremos hacer fracasar los intentos de los que buscan provocar el «choque de civilizaciones».

Rusia se ha dado cuenta de que para evitar nuevos ataques terroristas se debe antes de nada conseguir la total normalización de la situación en la República de Chechenia. Últimamente, pese a todas las dificultades, aquí se han registrado notables progresos, especialmente en el ámbito político, institucional, económico y educativo. De acuerdo con el decreto promulgado por el presidente Putin, el 27 de noviembre se celebrarán en Chechenia las elecciones parlamentarias. Serán una etapa importante en el proceso político en la República, indispensable para el establecimiento de la paz y el imperio de la ley.

Hay indicios de una recuperación económica sostenible de Chechenia: crece el número de empresas puestas en funcionamiento. Se han registrado notables avances en la esfera educativa: en la Universidad Estatal de Grozni, por ejemplo, estudian actualmente 13.000 alumnos.

Hoy en día, rindiendo homenaje a las víctimas de Beslán, debemos ser conscientes de que el mejor tributo a ellas serán las muestras de solidaridad y firmeza en defensa de los valores del mundo civilizado. No permitamos a los terroristas encontrar brechas en la coalición mundial contra este mal del siglo XXI.

EL MUNDO

Viernes, 2 de de septiembre de 2005

BESLÁN 'OCUPA' LA ESCUELA DE LA TRAGEDIA

Daniel Utrilla (Enviado especial)

Miles de familiares y vecinos, representantes del Gobierno local, autoridades eclesiásticas y figuras políticas de relieve rinden tributo en la escuela rusa a las víctimas del secuestro que hace un año costó la vida a 331 personas, en su mayoría niños

Grabaciones de música fúnebre y salmodias musitadas por diáconos ortodoxos unen sus notas para crear una atmósfera casi irreal en el patio de la escuela. Hondos suspiros, gorjeos quejumbrosos y alaridos femeninos de resonancia animal retumban en el vacío del gimnasio semiderruido donde hace un año fueron confinados más de 1.000 rehenes por un comando prochecheno.

Tras pasar por el arco de varios detectores de metal, los vecinos de Beslán se congregan en el patio, donde, antes de entrar en la escuela, hacen cola con fotos enmarcadas de sus parientes muertos.

De súbito, un grupo furibundo de madres resucita del trance y se abalanza contra una anciana rechoncha de pelo abombado. «¡¿Pero cómo te atreves a venir aquí?!», le grita una de las vecinas, mientras el resto intenta zarandearla y la insulta en lengua osetia.

Como un organismo vivo que detectase la presencia de una bacteria infecciosa, los familiares se arremolinan en torno a la mujer, que tiene que ser auxiliada por dos jóvenes y escoltada fuera del patio. La vilipendiada es Lida Tsaliyeva, ex directora de la escuela, acusada por los vecinos de haber dejado entrar en el centro a unos obreros que pudieron haber introducido armas y explosivos semanas antes del secuestro. Las paredes de la escuela están repletas de insultos obscenos contra ella. Cuando la directora sale de escena, la ruina recobra su serenidad de ultratumba.

A las 9.15 horas, un seco repicar de campanas emitido por altavoz recuerda el momento en que irrumpieron los terroristas, algunos de los cuales dispararon a los globos de los niños en el patio, donde éstos celebraban con sus padres el primer día de curso escolar. Suena el Requiem de Mozart.

Descuajada parcialmente como una casa de muñecas, la escuela parece un fósil procedente de una época anterior a la civilización. Sólo los retratos de Tolstoi o de Einstein que cuelgan en algunas aulas nos confirman que el Medievo hace tiempo que pasó por aquí. La escuela ha sido empapelada con pancartas de tela roja firmadas por escolares de todo el mundo. En los carteles pueden leerse nombres de ciudades como Hiroshima, Gaza, Auschwitz o Kabul.

Volver a la URSS

Entre los escombros afloran ramos de claveles. Un iconostasio de fotos de hombres, mujeres y niños sonrientes cubre las cuatro paredes salpicadas de metralla del gimnasio, donde estallaron las bombas de los terroristas. Una estampa de Jesucristo ocupa el boquete abierto en la pared por un proyectil, ahora convertido en improvisada hornacina de un santuario que muchos vecinos querrían conservar como monumento a la barbarie.

En recuerdo de los niños muertos -186 de un total de 331 rehenes fallecidos-, los lugareños depositan peluches de colores chillones que suplen a los iconos de los espigados santos cristianos.

Botellas de agua se acumulan como ofrendas rituales que evocan la sed inhumana que tuvieron quesoportar durante su martirio los rehenes, que hubieron de beber orín filtrado con trapos y prendas.

Por las ventanas deformadas por las explosiones se cuelan como trompas de insectos gigantes los micrófonos alargados de los periodistas, que intentan captar la psicofonía del llanto materno más allá del muro. Sobre un entarimado de madera habilitado en el patio, cientos de informadores de todo el mundo conforman una auténtica torre de babel.

«¿Cómo podemos organizar una ceremonia oficial si el Estado es culpable ante los niños?», pregunta Susana Dudieva, que dirige el comité de Madres de Beslán. Sin embargo, las madres y los vecinos callan cuando aparecen en el patio las autoridades locales, encabezadas por el nuevo presidente norosetio, Taimuraz Mamsurov (su antecesor dimitió tras la tragedia), y el representante del presidente ruso para el Cáucaso Norte, Dimitri Kozev. Hábitos y trajes se confunden en la comitiva oficial, donde Iglesia y Estado se dan la mano.

No pocos norosetios añoran la era comunista como una época de orden donde un infanticidio de dimensiones bíblicas como este resultaba impensable. «Nos gustaría volver a la URSS, cuando había seguridad. Ahora los políticos son oligarcas que nos han vendido a todos», se lamenta Zalina, que perdió a una hija en el secuestro.

En señal de duelo por la matanza, todas las escuelas de Osetia del Norte celebrarán este año su primer día de curso el próximo lunes 5 de septiembre.

EL PAIS

Viernes, 2 de de septiembre de 2005

LAS MADRES DE BESLÁN REVIVEN LA MATANZA DE NIÑOS CON LA GRAN AUSENCIA DE PUTIN

Rodrigo Fernández

Ningún representante del Gobierno ruso asiste a los actos del primer día de duelo oficial

Todo Beslán se volcó ayer en el gimnasio de la escuela número uno, escenario de la tragedia que se desarrolló hace un año, cuando un grupo de terroristas tomó a más de mil rehenes en ese colegio. La gente comenzó a congregarse a las ocho de la mañana y a las 9.15 repicaron las campanas: marcaban el comienzo del infierno que duró tres días y que acabó en una masacre: 331 muertos -de ellos, 186 niños- y más de 700 heridos. Escenas desgarradoras se vivieron en la escuela en este primer día de los tres de duelo oficial decretados en Osetia del Norte.

Por el solar que hay ante el gimnasio deambulaban algunas mujeres enlutadas llorando a gritos; otras sollozaban llevando las fotos en colores de sus seres queridos perecidos. Una joven mujer no resistió tanto dolor y se desmayó. Inmediatamente acudieron enfermeras de la Cruz Roja que hacen guardia durante todo el día, y que también permanecerán por la noche junto a un puñado de madres que se niegan a abandonar el gimnasio y que han decidido velar la memoria de sus hijos durante los tres días que duró el martirio.

Al minuto de silencio matinal en memoria de las víctimas asistieron el presidente norosetio, Teimuraz Mámsurov; el representante del presidente ruso en el Cáucaso del Norte, Dmitri Kózak, y alguna otra autoridad local. Nadie del Gobierno central, y de los líderes políticos federales. Sólo estaba presente el comunista Guennadi Ziugánov. "Putin fue a los funerales de Yevdokímov

[el gobernador de Altái] y a los de Kadírov [el presidente checheno], pero aquí no se atreve a venir", comentó la escena con desprecio una de las mujeres enlutadas.

Después del minuto de silencio, durante el que sí se oían los sollozos, se formó una larga cola para entrar en el gimnasio. Dentro, los llantos arreciaron ante las fotos de las víctimas, que colgaban de las paredes. Algunas madres alcanzaban con sus manos a acariciar los retratos de sus hijos, mientras que otras no, y sus brazos colgaban en el aire impotentes. Una mujer cayó de pronto de rodillas al suelo, que un año atrás se hallaba cubierto de cadáveres de niños, en su mayoría calcinados. Ésa fue la consecuencia del uso de lanzallamas, según piensan muchos.

Insultos a la directora

De pronto, en el solar junto al gimnasio, un grupo de mujeres y hombres enardecidos se lanzó sobre una anciana. Era Lidia Tsalíyeva, la ex directora de la escuela, que se atrevió a venir, ella también, a honrar la memoria de sus alumnos. Pero Tsalíyeva es odiada por muchas madres y familiares de las víctimas, que la acusan de haber estado confabulada con los terroristas. Si no hubiera sido por la intervención de agentes de civil y de algunos policías, seguramente la hubieran linchado.

"¡Perra, ¿cómo te atreves a venir aquí?". "¡Agarrénla, mátenla!", gritaban mujeres y hombres con rostros desencajados, mientras trataban de agredirla. Zinaída Tsarájova, que perdió a su hijo Elmús, de 12 años, dijo: "Considero que es un insulto que esa mujer viva. Traicionó a nuestros niños y no debe vivir". Al anochecer, Tsarájova permanecía en el interior del gimnasio; es una de las que velarán a las víctimas noche y día, hasta el sábado, cuando se cumplirá un año de la matanza.

En Vladikavkaz, la capital norosetia, que se encuentra a una media hora en coche de Beslán, ayer se inauguró el primer monumento a los caídos en la escuela número uno. Se trata de un gran libro abierto sobre el que hay dos manos también abiertas; entre ellas corre el agua. Madres, familiares y compañeros de las víctimas pusieron a los pies del monumento pequeñas velas en vasos que llevaban una cinta negra con la inscripción dorada de una víctima: 331 en total. Los globos negros y rojos -luto y sangre- que debían elevarse en el cielo despejado de Vladikavkaz con 186 pajaritas de papel -una por cada niño muerto- amarrados a ellas se negaron a hacerlo. En ayuda de los niños acudieron los adultos, pero todos los intentos fueron inútiles; los globos no subían al cielo. Entonces una madre comentó: "No quieren irse todavía, el 3 de septiembre aún no llega".

Un niño resultó ser el autor del proyecto del monumento que hacía unas horas se había inaugurado en Vladikavkaz. "El libro simboliza la escuela, y las manos por las que corre el agua, aquello que tanto les faltaba", explica Zambolat Batsázov, de 14 años. Zambolat vive en una aldea cercana y participó en un concurso para construir un memorial a los niños de la escuela número uno. "El mío gustó y lo aprobaron", dice con sencillez. "Yo tenía amigos entre los niños muertos", explica, como si tratara de justificar que eligieran su proyecto.

ABC

Viernes, 2 de de septiembre de 2005

BESLÁN RINDE HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE LA MATANZA

Rafael M. Mañueco (Enviado Especial)

El Comité de Madres de Beslán exige a Putin que detalle sus órdenes durante el secuestro y que declare en el juicio de Nurpashí Kuláyev, el único terrorista vivo

BESLÁN (OSETIA DEL NORTE). La pequeña localidad de Beslán, escenario de la toma de rehenes más cruenta en la historia, rememoró ayer con intensa emoción y de forma multitudinaria aquella terrible tragedia. El primero de septiembre del año pasado, un comando checheno integrado por treinta hombres y dos mujeres irrumpió en la Escuela número Uno de la ciudad y secuestró a más de 1.200 personas, entre alumnos, padres y profesores, que celebraban la apertura del curso escolar.

El rechazo del Kremlin a negociar, la crueldad de los terroristas y la dificultad para controlar a tantas criaturas exhaustas por la sed, el hambre y el asfixiante calor de aquel miércoles acabaron, dos días después, en un baño de sangre. Tras la explosión, al parecer fortuita, de una de las bombas colocadas por los secuestradores, se desencadenó un caótico asalto pese a que en el recinto estaban todavía la mayoría de los rehenes. Un tercio de ellos perecieron -331, incluidos 186 menores- y más de 700 resultaron heridos. Sólo doscientas personas salieron ilesas.

Miles de beslaneses se congregaron ayer en torno a las ruinas de lo que fue el gimnasio de la escuela, el epicentro de la masacre. Lo hicieron pasadas las nueve, la misma hora en la que, hace un año, la apertura del curso fue bruscamente interrumpida por las ráfagas que los terroristas chechenos dispararon al aire para anunciar que todos los presentes estaban secuestrados.

Tras un acto religioso y en medio de fuertes medidas de seguridad, se hicieron ofrendas de flores, velas encendidas, peluches y botellas de agua -de haberlas tenido entonces, los niños no hubieran bebido su propia orina.

Un minuto de silencio en toda Rusia

Mientras tanto, en la vecina región de Krasnodar, el presidente Vladímir Putin asistía a la apertura del curso en la Universidad Agraria pidiendo un minuto de silencio en todos los colegios del país. Tal vez hubiese preferido estar en Beslán, pero sus habitantes advirtieron de que no desean ver a ningún alto dirigente en los tres días de luto que culminan mañana. Ha pasado un año y la investigación abierta sobre la matanza parece no acabar jamás.

Susana Dudíyeva, presidenta del Comité de Madres de Beslán, está convencida de que tanta dilación se debe a que las autoridades no saben qué hacer para ocultar lo que pasó, intentando ofrecer una versión de los hechos que les exculpe. «Es indispensable saber la verdad para evitar que se repitan tragedias similares, pero parece que al poder no le interesa», dice Dudíyeva. Ella y otras tres madres serán recibidas hoy en el Kremlin por el primer mandatario ruso, por primera vez desde la tragedia. Al encuentro habían sido invitadas una veintena de mujeres, pero la mayoría no acudirán.

La reunión se presenta difícil para Putin. Ayer, familiares de las víctimas, pertenecientes al Comité de Madres, dieron a conocer un comunicado pidiendo que se les conceda asilo político «en cualquier país civilizado» en el que se respeten los derechos humanos. Exigen también a Putin que explique qué órdenes dio durante el secuestro y que acuda a declarar ante el tribunal que juzga a Nurpashí Kuláyev, el único terrorista atrapado vivo.

La Fiscalía rusa reconoce que en la «liberación» de la escuela se emplearon blindados y lanzallamas aunque sostiene que, en ese momento, los rehenes habían sido ya liberados o estaban muertos. Nadie en Beslán se lo cree.

LA RAZON

Viernes, 2 de de septiembre de 2005 

BESLAN CULPA A PUTIN

Sergio Imbert

El asalto a un colegio de la ciudad de Beslan, hace un año, ha reabierto las heridas de los familiares de los 331 muertos, 186 de ellos niños, que hoy denuncian estar solos. Putin se reúne hoy con ellos para intentar aplacar su ira.

Beslan- Los supervivientes de la matanza de Beslan denunciaron ayer que en Rusia la vida no vale nada y pidieron, en la víspera de una reunión con el presidente Vladimir Putin, «asilo político en cualquier país donde se respeten los derechos humanos». Al cumplirse ahora un año de la tragedia, los familiares de las víctimas de Beslan están convencidos de que las autoridades encubren la verdad sobre los sangrientos sucesos porque su propósito era, ante todo, aniquilar a los terroristas y no salvar a los rehenes. «Nosotros, padres y familiares de las víctimas del atentado terrorista, hemos perdido toda esperanza de que se investiguen de manera objetiva las causas de la tragedia y no queremos vivir en un país donde la vida humana no vale nada», afirmaron en un mensaje difundido en el día del aniversario. Más de 500 familiares de las víctimas firmaron esta declaración, leída ante las ruinas de la que fuera la escuela número uno de la ciudad, por varias madres que perdieron allí a sus hijos y que hoy integran el comité Madres de Beslan.

Una marea humana de miles de personas afluyó a la escuela de la tragedia, asaltada por un comando terrorista checheno con 1.251 personas en su interior, entre alumnos, profesores y padres. El secuestro, que mantuvo en vilo a Rusia durante 52 horas hasta la mañana del 3 de septiembre, concluyó con una confusa operación de rescate en la que 31 terroristas fueron aniquilados, la escuela ardió en llamas y el tejado incendiado se desplomó sobre los rehenes agolpados en el gimnasio.

Un total de 331 personas, 186 de ellas niños, murieron bajo las ruinas del edificio y en el tiroteo, en el que suprevivientes y testigos acusan a los militares de haber empleado carros de combate, lanzagranadas y lanzallamas con efecto de bombas de vacío. Por orden de las autoridades, se crearon tres comisiones de investigación, dos parlamentarias en Rusia y Osetia del Norte, y otra dirigida por la Fiscalía, que no han conseguido ni esclarecer las circunstancias del secuestro ni dirimir responsabilidades entre las autoridades y las fuerzas de seguridad. Stanislav Kesayev, jefe de la comisión investigadora noroseta dijo que «las autoridades deben responder por su incapacidad. No se entiende que más de 160 rehenes murieran sepultados por el tejado de la escuela y nadie asuma la responsabilidad». «Los rehenes fueron tratados como ganado en el matadero», según los autores de la declaración. La asociación de afectados indicó que los familiares de las víctimas consideran como máximo responsable de la tragedia y del posterior ocultamiento de la verdad al presidente Putin, a quien el comité había advertido de que no lo quiere ver en los actos de duelo.

Silencio y recuerdo. Por su parte, el inquilino del Kremlin hizo un comunicado público para recordar la tragedia. «El 1 de septiembre en nuestro país siempre se ha recibido con ánimos festivos, pero creo que esta vez me entenderéis...», declaró el presidente al inaugurar el año lectivo en la Universidad Agraria de Krasnodar, en el Cáucaso Norte. Putin destacó que millones de personas en Rusia y en el mundo recuerdan la «horrible tragedia ocurrida en Beslan», donde murieron 331 personas, 186 de ellas niños. «Guardemos silencio y recordemos a quienes murieron y sufrieron a manos de los terroristas», agregó el jefe del Kremlin mientras cientos de familiares de las víctimas, de riguroso luto, depositaron flores, velas y juguetes en el gimnasio del centro escolar, actualmente en estado ruinoso, y de cuyos muros cuelgan las fotografías de los muertos.

Miembros de la Cruz Roja atendieron a varias personas que se desmayaron, mientras la antigua directora de la escuela, Lidia Tsaliyeva, fue insultada por varios familiares que la culpan de no proteger a sus hijos durante el asalto. Efe, Ap