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Los Contactos Discretos de Ibarretxe con Batasuna - Opiniones

Por Sin Pancarta - 2 de Septiembre, 2005, 5:45, Categoría: ¿Se Negocia con ETA?

Me quedo con las palabras de Martín Ferrand en ABC. Ante la ronda de conversaciones anunciada por Ibarretxe. Martín señala que éste, antes que un notable del PNV, es la máxima autoridad del País Vasco y en su propio beneficio político y en el respeto de lo que representa, no puede permitirse frivolidades como darle de comer a los buitres en la palma de la mano.

EL MUNDO

Jueves, 1 de Septiembre de 2005

BATASUNA: DE LA EXAGERACIÓN AL DISPARATE

Editorial

Ante el anuncio del lehendakari Ibarretxe de convocar reuniones «discretas» con los distintos partidos e incluir entre éstos a la formación ilegalizada Batasuna, se suceden las reacciones extremas. Algunas, como las del vocal del CGPJ José Luis Requero, porque, aun asistiéndole la razón de fondo en su queja de que resulta «sorprendente» que el presidente de una autonomía actue de espaldas a la Ley de Partidos aprobada en el Parlamento, resulta impropia de la separación de poderes su petición de que se inste al Supremo para que evite la reunión entre Ibarretxe y los batasunos.Sin embargo, más que impropia, la reacción del senador del PNV Iñaki Anasagasti es un puro disparate. Anasagasti ha afirmado que el lehendakari incluye a Batasuna en su ronda porque esta formación «tiene fuerza en la calle». Un argumento que bien podría acabar siendo utilizado para justificar una reunión con ETA.

DEIA

Jueves, 1 de septiembre de 2005

POR FIN UNA IDEA COMPARTIDA

Editorial

Por una vez y sin que sirva de precedente Otegi se mostró de acuerdo en algo con el lehendakari cuando confesó que «no imagina» una mesa de diálogo resolutivo en un clima de «enfrentamiento armado». El líder de Batasuna usó la fórmula para incluir al Estado y eludir otorgar a ETA la exclusividad de la violencia. Interpretaciones al margen, no es poco que Otegi también vea una mesa resolutiva en otro escenario. El problema, como él mismo manifestó, es que nadie sabe cómo llegar a ese nuevo escenario. A los que ponen condiciones previas como la condena de la violencia, Otegi les remite a hablar directamente con quien la practica. Pero se olvida, una vez más, de atribuir a su formación algún papel más activo que el de notario que dé fe y valide los pasos que den los otros en el camino hacia ese nuevo escenario al que nadie sabe cómo llegar. Estaría bien, por ejemplo, que precisara a qué tipo de contrapartidas se refería Pernando Barrena en su discurso de Bilbao, aunque bastaría con que se las explicara discretamente al lehendakari cuando se reúnan con él. 

EL PAIS

Jueves, 1 de septiembre de 2005

HIPÓTESIS SOBRE EL FINAL DE ETA

Patxo Unzueta

Ibarretxe anuncia contactos discretos con Batasuna. Si los anuncia, ya no son discretos. Lo que importa del asunto es el reconocimiento fáctico de esa formación como una más, pese a su ilegalización. Se trata de una actitud contradictoria con el objetivo de conseguir que el brazo político de ETA fuerce a su brazo armado a disolverse. Otegi trató ayer de esquivar el asunto invitando al Gobierno a hablar directamente con ETA, y adelantando que la "superación del conflicto" pasa por la autodeterminación y el reconocimiento de Euskal Herria como sujeto político.

La experiencia irlandesa es ilustrativa: el abandono de la lucha armada por parte del IRA ha sido consecuencia del convencimiento alcanzado por políticos profesionales como Gerry Adams o Martin McGuinness de que para seguir siéndolo tendrían que conseguir el fin de la violencia. Sin ese requisito no se levantaría la suspensión de la autonomía de Irlanda del Norte, decidida por Londres a causa de la persistente negativa del IRA a entregar las armas. No podrían ocupar sus escaños en el Parlamento de Stormont ni participar en el Gobierno autonómico. E incluso podrían ser arrastrados por el desprestigio cosechado por el IRA a causa de sus actividades mafiosas.

En febrero pasado, el ministro de Justicia de la República de Irlanda, Michael McDowell, declaró que Gerry Adams formaba parte de la dirección del IRA. Era la primera vez que un responsable político lo decía en público, y esa audacia se consideró una manifestación del hartazgo social hacia el IRA y el Sinn Fein que crecía en las dos Irlandas; sobre todo desde que la Comisión Internacional de Control expresó su convicción de que el atraco al Northern Bank (38 millones de euros) había sido obra del IRA con conocimiento de Sinn Fein; y desde que se supo que miembros de esa banda eran los autores del asesinato en un pub de Belfast del simpatizante republicano Robert McCartney, lo que provocó una especie de sublevación de barrio contra los matones. En marzo, el Parlamento británico suspendió por un año las subvenciones al Sinn Fein por las "operaciones paramilitares y criminales" del IRA. A fines de ese mes, Adams pidió de manera directa a sus ex compañeros de armas que las abandonasen.

Londres se equivocó seguramente al acordar la liberación de todos los presos del IRA en el año 2000, antes de la entrega de las armas. Pero aprendió la lección y no cedió a las presiones para levantar la suspensión de la autonomía, decidida en octubre de 2002.

La ilegalización de Batasuna ha jugado, y aún puede hacerlo, un papel similar al de esa suspensión. Un político como Otegi sólo podrá recobrar su estatus legal, participar directamente en las elecciones y recuperar la influencia (y las subvenciones) que su partido tuvo en los ayuntamientos si convence a ETA de que se disuelva. El principal factor de convencimiento es la eficacia policial, pero será difícil que una banda con tantos años e intereses detrás interiorice que ha llegado la hora de la retirada si no se lo exige su brazo político. El momento es propicio, tras 27 meses sin muertos. Es bastante probable que la ausencia de atentados mortales desde la declaración de Anoeta guarde relación con la presión de su brazo político para que ETA no arruine con un asesinato su esperanza de relegalización antes de las municipales de 2007.

La actitud de Ibarretxe es, por ello, incoherente. Si se desea incorporar a una posible mesa de partidos al independentismo radical "en un escenario de ausencia de violencia", lo lógico será evitar cualquier gesto que ese mundo pueda interpretar como prueba de que puede eludir las consecuencias de la ilegalización sin forzar la retirada de ETA o desmarcarse claramente de ella. Nada favorece tanto a las fuerzas que aspiran a moverse con un pie dentro y otro fuera del sistema como una aplicación imprecisa de la ley, que permite autorizar o no las manifestaciones convocadas por un partido ilegal, según criterios variables. Siempre se ha dicho que un motivo del fracaso de las conversaciones de Argel (1989) fue dejar creer a ETA que tenía garantizada la liberación de los presos con sentarse a la mesa, lo que hizo que plantease contrapartidas políticas imposibles. Consentir la legalización por vía de hecho sería repetir, ampliado, aquel error.

ABC

Jueves, 1 de Septiembre de 2005

DESVERGÜENZA POLÍTICA

M. Martín Ferrand

Obsceno. Ese es el calificativo que, desde la moderación, merece el renovado proyecto político con el que abre curso Juan José Ibarretxe. El líder de la derecha soberanista vasca, siempre seducido por la contemplación de la izquierda terrorista e independentista, quiere iniciar una ronda de conversaciones -discretas, por supuesto- con los partidos de su ámbito de actuación y, según sus propias declaraciones, estará entre ellos la ilegalizada Batasuna porque es necesario «superar la cultura del enfrentamiento para abrazar la del entendimiento». La provocación del lendakari no es nueva, surge cada vez que se le acaba el repertorio democrático de su corto catálogo político. En esta ocasión, por razones de oportunidad, resulta totalmente intolerable y merece la reprobación de los próximos, la repulsa de sus vecinos parlamentarios en Vitoria e, incluso, con los trámites que son de reglamento, la actuación del fiscal.

Ya han sonado, como marca la costumbre -¿la rutina?-, voces que denuncian la provocación de Ibarretxe por parte de María San Gil, presidenta del PP en el País Vasco, y de Rodolfo Ares, el coordinador del PSE-EE; pero no resulta suficiente. En función de nuestro ordenamiento constitucional, bien matizado por el estatutario, el País Vasco es una parte notable de España, y el presidente de su Ejecutivo es el máximo representante en el territorio del mismísimo Estado. ¿Cabe en la razón que, en una torpe pirueta, el Estado se disponga a conversar, con cuanta discreción se quiera, con una fuerza política ilegalizada por ser, precisamente, la expresión política del terrorismo de ETA?

Por españoles, tenemos el ánimo muy hecho al despropósito. Aún así lo de Ibarretxe resulta ya tremendamente fatigoso. Se le puede llegar a comprender cuando, en los procesos electorales, trata de buscar notas diferenciales y, víctima de su propia formación -lo de Sabino Arana es un esperpento, no una doctrina-, hable de Euskadi como si se tratara de Dinamarca y de España, de la que contento o disgustado forma parte, como algo distinto y próximo al África central; pero ahora, en el arranque de un curso nuevo, es ya la provocación como sistema. Un Estado solvente, respetuoso de sí mismo, no puede tolerar que sus dirigentes invoquen la ilegalidad y el terrorismo. Eso lo hace magistralmente Josep Lluís Carod-Rovira, pero tiene la habilidad de haber dejado para otros la función institucional y haber quedado, libre como un pájaro, para la excentricidad provocadora y la formulación ligera de las extorsiones que remedian la escasez de su partido. Ibarretxe es, antes que un notable del PNV, la máxima autoridad del País Vasco y, en consecuencia, en su propio beneficio político y en el respeto de lo que representa, no puede permitirse frivolidades como darle de comer a los buitres en la palma de la mano. Ni tan siquiera es ecológico.