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Para Reir o Llorar: EL PAIS Aconseja a Rajoy Cómo Hacer Oposición

Por Narrador - 1 de Septiembre, 2005, 4:26, Categoría: General

Siempre que es posible trato de ofrecerles noticias divertidas, o al menos con una vertiente simpática. Tal es el caso del editorial de EL PAIS de ayer donde aconsejan a Rajoy como hacer oposición. No es una broma podemos leer afirmaciones como esta: “el electorado moderado no entenderá que Rajoy no alcance acuerdos con el gobierno”, o ‘argumentos de este estilo: La apuesta de Rajoy de celebrar una convención destinada a actualizar el proyecto político del PP "podría tomarse como una autocrítica". Tras el "inesperado" pase a la oposición de 2004, "bastante tenía Rajoy con mantener unido al partido como para prensar en actualizaciones programáticas". "Más apto para liderar la oposición, el sucesor designado por Aznar ha sobreactuado a veces". "Rajoy tendrá que vencer resistencias internas para resucitar el clima de bronca y deslegitimación del Gobierno". De risa ¿Cómo era aquello? Cuando tu enemigo te alaba… Pues eso mismo. También les incluyo dos artículos adicionales sobre el líder del PP que se encuentran en la prensa de ayer.

EL PAIS

Miércoles 31 de Agosto de 2005

EL PP DE RAJOY

Editorial

Que el presidente del primer partido de la oposición arremeta contra "los desaguisados" del Gobierno y se comprometa a combatirle con dureza en el curso que ahora se inicia es algo que va de suyo. Lo novedoso es que Rajoy haya añadido que en febrero se celebrará una Convención destinada a actualizar el proyecto político del Partido Popular porque "el mundo ha cambiado" y porque "no basta hacer oposición: hay que presentar alternativas". Lo que podría tomarse por una autocrítica.

El curso anterior se cerró prácticamente con las elecciones gallegas del 19 de junio. En ellas se ponía a prueba hasta qué punto era válida la alternativa de mayoría absoluta del PP contra alianzas inseguras como las propiciadas por el PSOE. La prueba era especialmente interesante por producirse en una comunidad en la que el partido conservador llevaba cuatro legislaturas gobernando en solitario. El resultado ha cargado de razón a quienes cuestionaban la validez universal de ese planteamiento del todo o nada.

Tras el inesperado pase a la oposición de 2004, bastante tenía Rajoy con mantener unido al partido como para pensar en actualizaciones programáticas. Más apto por sus características personales para gobernar que para liderar la oposición, el sucesor designado por Aznar ha sobreactuado a veces, como en el último debate del estado de la nación: su mensaje catastrofista -sobre el terrorismo, especialmente- restó credibilidad a sus críticas sobre esa y otras cuestiones, y reforzó los lazos entre el Gobierno y sus socios. Ya entonces hubo voces del PP que reclamaron mayor finezza, de acuerdo con lo que el propio Rajoy había recomendado con ocasión del vídeo sobre el 11-M preparado por los más fieles a Aznar: que había que criticar al Gobierno "con contundencia, pero también con finura y no desde las vísceras".

Si es eso lo que se propone, tendrá que vencer resistencias internas, y en primer lugar la de quienes creen que es posible (y deseable) resucitar el clima de bronca y deslegitimación del Gobierno del periodo 1993-96. El electorado moderado, que puede compartir muchas críticas del PP, difícilmente entenderá una negativa a alcanzar acuerdos con el Gobierno sobre los cruciales asuntos que están sobre la mesa. El encuentro con Zapatero del lunes puede ser la ocasión para ello. También tendrá que convencer a los suyos de que la exaltación de los ocho años de gobierno popular no basta para recuperar el voto de centro que le dio la mayoría en 2000. La convención de febrero sería la oportunidad para hacerlo.

EL PAIS

Miércoles 31 de Agosto de 2005

RAJOY CUMPLE DOS AÑOS

Maruja Torres

Los finales de agosto son cada vez más históricos. Para mí suelen serlo (cruzo los dedos, y en absoluto deseo escupir al rostro de los dioses, que son vengativos de narices), pues es cuando me pongo de vacaciones anuales. Pero es que, además, se producen Eventos. Luctuosamente hablando, lo más fue lo de Di y Dodi, que ya ha dicho alguien que la muerte de ambos no consistió en un complot sino en una gilipollez de Mohamed, el suegro o padre, que les confió a los cuidados de un chófer pasado de Sustancias (tal vez el que menos había bebido, como siempre sucede cuando conduce uno, entre tres, después de una cena o juerga). Siempre creí que la House of Windsor había hecho lo único que sabe: ostentación de indiferencia.

En otro orden de cosas, más dicharachero (o no), está el Brote de Rajoy, que se produjo por estas fechas. Fue el 30 de agosto de hace dos años, creo recordar, cuando Saturno (otra deidad rencorosa) expectoró a don Mariano como sucesor. Y luego se lavó los dientes.

Los políticos son insondables y además, cuando los sondas, dan, como mucho, para una lavativa.

Porque una mujer nunca llega a conocer a un Hombre, y mucho menos una simple (e incluso malsana) ciudadana alcanza a comprender a un político. Ellos carecen de realidad. La realidad es eso que hace que cuando ves la foto de un tío con un bebé te lo creas (es padre, qué mono, te dices), y no pienses que (en el mejor de los casos) lo va a meter en una urna el día de elecciones. La realidad-espectáculo es algo que les falta a los hombres que entregan Sus Vidas a la política (que no es el arte de cuidar de nosotros, sino de esquivarnos cuidadosamente), y también a las mujeres, aunque un poco menos. Ellas (de la vicepresi pa' abajo, y esto incluye a María San Gil, que no me duelen prendas) son más carnales hasta cuando están en los huesos. Por mucho que ellos conviertan su existencia pública en un show, ni nos alteramos. Como que no nos llegan.

Los hombres que se dedican a la política, en especial en los Altos Cargos (presidente de un partido, de un país), se ven privados de lo que los redactores de solapa de novela negra definen como "el inquietante soplo de lo inesperado". Se parecen demasiado a Paquita Rico. O, poniéndonos en Alemania, a una patinadora sobre hielo.

No hay inquietante soplo en don Mariano Rajoy, cuya vida guarde Dios muchos años. Hay, eso sí, un desmoronamiento sospechoso.

Y eso que don Mariano ha poseído, para mí y desde siempre, la categoría del Hombre Supremo. Aquel que se deshace en lugar de hacerse. El Gato perdedor con Botas.

Sabido es que los Políticos de Altura acostumbran a desmoronarse cuando están en el Cenit de su Poder (por eso a Carod Rovira le falta un trecho para hundirse, y ya se ha pasado varios condominios de su cenit, y, en cuanto a Maragall, ésta no es, desde luego, su Fénix: Fina Estampa, como le llamamos mi perro y yo, es bastante más indigesto).

Relativo a Rajoy, me parece desconcertante que, hasta joy, perdón, hoy, no se haya hecho Un Hombre. Sino que se haya deshecho. Aunque tiene su morbo, lo reconozco. Si hay algo mejor que ver cómo un hombre se va haciendo ídem (le crece la barba, va a la mili, se compra una moto, luego un coche, consigue un empleo, se casa, llega puntual al trabajo: un cúmulo de perversidades que endurecen su epidermis), es asistir con asiento de preferencia (de ciudadana) al espectáculo de cómo se va disolviendo. En este apartado, hemos tenido en la política ejemplos que casi produce angustia nombrar. La rápida jabalización de Felipe González durante la temporada en que a su gobierno socialista le crecieron los canallas más que los enanos, que ya es decir; la licuación de Clinton en un tiempo de subterfugios y desagües que, a su vez, liquidaban al Partido Demócrata durante un par de décadas: a medida que fue descubriéndose su afición a las becarias con cabeza en forma de mesilla de noche, y por su afán en sostener (como muchos jueces asignados a casos de violaciones) que no hay sexo cuando no se da penetración. Esto, por nombrar sólo dos ejemplos de gente que, habiendo sido mucho, llevan fatal los reveses de la fortuna, y que, también, en cuanto abandonan el poder (o son abandonados por el mismo), vuelven a sacar lo mejor que llevaban dentro, en definitiva, vuelven a vivir.

José María Aznar nunca se deshizo. Contempló la magnitud de su derrota, miró cara a cara a su fracaso y, al cerrar éste los ojos, de vergüenza, el prócer creyó que lo había vencido.

Don Mariano Rajoy, que ha cumplido dos años desde que fue regurgitado por Saturno, se encara ahora al reto de ser. No porque Zapatero ni porque Ibarretxe ni porque Catalunya. A ser algo más que la excrecencia de nadie. Ojalá le salga bien. Si de verdad es un político moderado, o si de verdad es un esputo del rencor. Pero que quede clarito, y basta.

Soy tan, tan buena. Tan mejor.

Hasta más ver, amigos míos.

EL CORREO

Miércoles, 31 de agosto de 2005

DE VUELTA AL CENTRO

Editorial

Mariano Rajoy acaba de marcar un punto de inflexión en el Partido Popular que recuerda los 'viajes al centro' de su predecesor en el liderazgo. El presidente del PP ha preferido la fórmula «actualizar el proyecto político» para adaptarlo a los nuevos tiempos y a los cambios sociales pero, en el fondo, se trata de intentar conectar con el centro político y sociológico del electorado y flexibilizar actitudes que han facilitado que se asimile a los populares con una organización enrocada en sí misma sin capacidad para el pacto y el consenso. Se abre ahora un período de casi dos años sin elecciones pero de gran densidad en el debate, durante el que la organización de centro derecha tiene una oportunidad para complementar su tarea de oposición con las aportaciones programáticas que según admite el propio Rajoy son necesarias para dar respuesta a las «nuevas realidades». Los derechos de las minorías, la integración de los inmigrantes, la deslocalización de empresas, la evolución de tejido económico o la dependencia son algunos de los capítulos que el PP debe redefinir en clave de modernidad, porque el discurso reactivo de algunos sectores del partido ha desfigurado la imagen de la formación que refundó Aznar hace más de una década.

El Gobierno está a punto de afrontar algunos de los retos políticos más trascendentales de la legislatura, entre ellos la reforma territorial, y aunque debe ser el Ejecutivo el que asuma la responsabilidad de las iniciativas, al tratarse de un asunto de Estado, al PP le corresponde ejercer de oposición constructiva y participar en el necesario consenso entre las dos grandes fuerzas políticas en el desarrollo del Estado de las Autonomías. Al propio tiempo, la apelación al sentido de Estado, si se produce -Zapatero y Rajoy se reúnen el lunes en La Moncloa-, no podrá ser desoída en lo concerniente a la recuperación paulatina de los otros dos consensos que caracterizan a las democracias maduras, el relativo a la seguridad -la lucha antiterrorista- y el referente a la política exterior. El gran reto de Rajoy consiste en combinar adecuadamente su papel de controlador estricto del Gobierno y su deber ineludible de enunciar propuestas alternativas, capaces de atraer no sólo al electorado incondicional del PP sino a los votantes integrados en esos sectores indecisos, cercanos al eje de simetría del espectro político, que inclinan decisivamente a un lado o a otro la balanza electoral.